Entró por la puerta de atrás del cementerio, silbando para sí de forma apenas audible, y saltó el pequeño murete de detrás de la fuente en lugar de entrar en la zona 4N por la cancela. "C'est la manie" dijo en poco más que un murmullo con la sonrisa a flor de labios. Sonrisa que se hizo más amplia y más cálida en cuanto su mirada se posó en el pequeño y níveo sepulcro.
Como de costumbre, se sentó junto a la tumba, apoyando la espalda en la tapia y, doblando las rodillas hacia sí, apoyó en éstas el cuaderno. Cerró los ojos, aspirando el aroma de las buganvillas mientras desencapuchaba el bolígrafo. La ligera brisa que vino a desordenarle el pelo la hizo pensar en sus manitas, despeinándola juguetonas; la sonrisa amenazaba con salírsele de la cara cuando abrió los ojos para posar la mirada en la sepultura. No necesitaba más para sentirse totalmente a gusto, en casa.
El bolígrafo se movía a toda prisa sobre el papel cuadriculado mientras la sonrisa de su rostro se disolvía despacio, dando lugar a una expresión de honda concentración que no estaba exenta de cierta lenidad.
Simplemente dejándolo fluir minuto a minuto, página a página; ajena al ángelus, a ese cuasi mágico momento de cambio de luz que de pronto torna todo más cálido, tan real que parece casi irreal; ese ocaso que siempre le provocaba la engañosa sensación de que cada pequeña partícula de luz incluso podría tocarse, de que cada fotón le hacía un guiño retozón como si la invitara a dejar su carga y abrazar su momento magnético de espín... Probablemente no eran más que estupideces, esos conceptos inconexos y mal asidos que rodaban por la mente de Chica entremezclándose y golpeándose unos con otros. O simplemente era que oscurecía y su vista no era tan buena como ella se empeñaba en pensar.
Tras cerrar la libreta, y retomando la sonrisa que había dejado a un lado cuando comenzara a escribir, sacó una pequeña muñeca de trapo del bolsillo de la trenca y con cierta reverencia la dejó sobre la tumba junto al pequeño ramillete de mimosas, como si se tratara de un exvoto o más bien de una broma privada entre alguna divinidad atávica y ellas mismas.
Con el cuaderno debajo del brazo, desanduvo el camino saltando de nuevo el murete, por necesidad esta vez, pues la cancela llevaba rato cerrada. Se le había echado el tiempo encima y aún tenía que recoger los patines, pero al menos había terminado el editorial justo a tiempo y Troll lo tendría un poco más difícil para encontrar motivos para liarse a los gritos esta vez.
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