Estaba oficialmente jodida. En todos los aspectos. Casi a cámara lenta, como si se moviera a través de la niebla de una resaca, – una de las malas – alargó el brazo para coger el guiñapo rojo en el que se había convertido su camisa y comenzó a abrochársela mientras Él encendía uno de sus sempiternos cigarrillos.
Él era una de esas personas que se ganan las mayúsculas; o que tal vez han nacido con una mayúscula encima; o quizás que simplemente la han cogido porque consideran -con mayor o menor acierto- que le pertenece y nadie jamás se plantea si esa mayúscula les corresponde o no, porque simplemente “les pega” y parece totalmente legítima puesta en ellos. Además de todo eso, también era un mayúsculo gilipollas.
- Podías esperar un rato ¿no? - casi bufó - No quiero salir apestando a eso.
Todo lo que obtuvo de Él a cambio fue una risa ronca, áspera, y una palmada en el culo. Le dio la espalda mientras se alisaba la falda y se metía por dentro la camisa.
Frente al espejo, mientras se arreglaba el pelo y se pintaba los labios, se percató de que su mirada sistemáticamente se desviaba buscando las volutas de humo que salían de sus labios; esos labios que aún sentía quemando su piel, recorriendo su cuello... Su cuello ¡mierda! Se volvió hacia Él y se apoyó en la mesa para quitarse un zapato que le lanzó con escasa puntería.
Era tan fácil discutir con Él... Una bronca, veinte minutos y algunos arañazos en Su espalda más tarde, salía a la calle satisfecha más allá de lo físico: si, estaba claro que no estaba enamorada de Iván, se mentía – y se lo creía – mientras sus tacones repiqueteaban arrogantes en el pavimento y cierta altivez estiraba una de las comisuras de sus labios. No le preocupaba la marca de su cuello, se apostaba un par de dedos de los útiles a que Iván, por desgracia, ni siquiera repararía en ella.
Él era una de esas personas que se ganan las mayúsculas; o que tal vez han nacido con una mayúscula encima; o quizás que simplemente la han cogido porque consideran -con mayor o menor acierto- que le pertenece y nadie jamás se plantea si esa mayúscula les corresponde o no, porque simplemente “les pega” y parece totalmente legítima puesta en ellos. Además de todo eso, también era un mayúsculo gilipollas.
- Podías esperar un rato ¿no? - casi bufó - No quiero salir apestando a eso.
Todo lo que obtuvo de Él a cambio fue una risa ronca, áspera, y una palmada en el culo. Le dio la espalda mientras se alisaba la falda y se metía por dentro la camisa.
Frente al espejo, mientras se arreglaba el pelo y se pintaba los labios, se percató de que su mirada sistemáticamente se desviaba buscando las volutas de humo que salían de sus labios; esos labios que aún sentía quemando su piel, recorriendo su cuello... Su cuello ¡mierda! Se volvió hacia Él y se apoyó en la mesa para quitarse un zapato que le lanzó con escasa puntería.
Era tan fácil discutir con Él... Una bronca, veinte minutos y algunos arañazos en Su espalda más tarde, salía a la calle satisfecha más allá de lo físico: si, estaba claro que no estaba enamorada de Iván, se mentía – y se lo creía – mientras sus tacones repiqueteaban arrogantes en el pavimento y cierta altivez estiraba una de las comisuras de sus labios. No le preocupaba la marca de su cuello, se apostaba un par de dedos de los útiles a que Iván, por desgracia, ni siquiera repararía en ella.
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