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viernes, 19 de julio de 2013

FUE EN UN PUEBLO CON MAR IX: We'll meet again



Agitó la mano desde el muelle hacia el barco, donde Johnny la esperaba ya ocupándose de las brasas y subió a bordo, dejando a la sombra el capazo de paja entretejida del que asomaban un par de botellas y sacando de éste un paquete cuidadosamente envuelto.

- Déjanos a los profesionales. -impostó la voz al decir la última palabra, con evidente sorna mientras le empujaba con la cadera, haciéndose sitio- No me fio de que no pretendas meterme una patata en la boca a la primera de cambio, comeflores...

Johnny trataba de atisbar el contenido del paquete, viendo su curiosidad satisfecha cuando Kira sacó dos piezas de entrecot de aspecto jugoso que dejó sin mucho miramiento sobre la rejilla al amor de las brasas.

- ¿Me he tomado demasiadas libertades?

Johnny le devolvió el golpe de cadera a modo de saludo y miró de ella al plato de hortalizas crudas que tenía a medio preparar y de nuevo a ella, aunque el chisporroteo de la carne y el olor que empezaba a desprender le hicieron rendirse.

- No... supongo que no. Pero déjame echar un vistazo a que no queden sangrientos, carnívora. Y haré una ensalada de acompañamiento. -mientras hablaba, cortaba las verduras con habilidad, sin siquiera mirar- Ese no era el trato, rubia. Soy un manitas en la cocina, aunque me de una pereza horrible cocinar...

- Me temía eso. -rió apuntando con la barbilla al plato- Como acompañamiento me valen y tomo nota, bien hecho para ti. Pues no sé a qué esperas para echarme una mano entonces, sigo cocinando tan mal como entonces... y aún así, auguro que será una buena comida.

Entre risas y algún que otro amago de pelea por el lugar preferente junto al asador, descorcharon la primera botella... Y la terminaron siquiera antes de sentarse.
La comparación con Tiff, a ver a Kira comer con evidente apetito, disfrutando de la comida, era inevitable. El cambio era agradable; Johhny también comía, y reía, y hablaba... no necesariamente en este orden ni con mucho concierto. El vino que seguía corriendo con generosidad ayudaba también a fijar la expresión de placidez en su cara.

- Un buen maridaje... buenísima. Supongo que ni tú tienes razón con sólo carne, ni yo puedo hacerme vegetariano del todo... me cuesta renunciar a la carne. -sonrió- Algunos de los placeres de la vida son increíblemente sencillos.

- Todo lo importante es jodidamente sencillo. -asintió ella, alzando la copa como si le brindara el siguiente trago- Pero a veces nos empeñamos en hacerlo complicado. Claro que no podrías renunciar a la carne, hay algo de depredador dentro de ti. No me habrías traído aquí si no.

- Maldita sea, rubia. Sal de mi cerebro ahora mismo. De los dos. -bromeaba, inclinándose un poco hacia ella, algo colocado o ebrio o ambas- Supongo que tienes parte de razón... nunca fui partidario de reprimir los instintos, sino del arte de dedicarse a ellos. Pero tampoco soy la clase de tipo que no se molesta en aprenderse tu nombre, aunque no vaya a volver a verte. La sonrisa de una mujer me atrae tanto como sus curvas. -resopló, riendo- O casi, según la mujer. Cuando se prodigan demasiado, las sonrisas, como las lágrimas, pierden valor.

- Bah, ¿Hasta qué punto te define un nombre? Joder, creo que voy a reventar.

Kira desabrochó el botón metálico de sus pantalones, doblando la cinturilla y, a pesar de sus palabras, aún así se llevó a la boca el último trozo de carne del plato, mientras Johnny cargaba la pipa como colofón a la agradable comida y se la pasaba, mirándola con los ojos entornados.

- Las sonrisas que se prodigan demasiado siempre me hacen pensar que detrás se oculta algo, o bien malicia o mera estupidez, no deja de ser un gesto atávico: enseñar los dientes... -dio un par de caladas rápidas antes de devolverle la pipa a Johnny.

- Así que depredador... -su voz sonaba algo más rasgada, profunda, como su mirada- y sin embargo has venido.

- Y sin embargo aquí estoy. -asintió haciendo con el humo un aro que luego rompió con el dedo- Supongo que en ese concepto extraño que tienes de mí, no encaja tener miedo a los depredadores, ¿verdad?

- Encaja más bien tener filia... incurable e irremediable... por los depredadores.

- Incurable e irremediable... -repitió ella, colgada de sus palabras, tal vez atrapada por algún recuerdo, por la maría, el vino, la modorra provocada por la comida o... quizás simplemente las palabras de Johnny habían dado en el clavo.

Jonny pareció, por un momento, lamentar no parecer más un depredador. Pero el gesto de Kira pareció fundirle los plomos, y sus ojos enrojecidos, colocados, y gratamente estupefactos observaban la piel, el límite donde el moreno parecía clarear. Como si todo el deseo acumulado viajase de golpe a su mano, la extendió hacia la piel descubierta y la atrajo hacia sí para quedar tumbados en cubierta, él parcialmente debajo, ocultos prácticamente de la vista por la baranda. Medio en broma medio en serio, apretó los ojos como si esperase el mítico puñetazo del que hablaron ya alguna vez.

- ¿Me equivoco mucho?

La pilló desprevenida, su reacción fue lenta cuando Johnny tiró de ella y ya estaban ambos en el suelo cuando le dio un codazo en las costillas que probablemente debería haber sido más suave, a pesar de ser juguetón. Johnny fingió encogerse.

- Mierda, Johnny... estoy perdiendo facultades. Supongo que no, que no te equivocas, -reconocía con reluctancia- ojalá lo hicieras. Imagino que hay filias que no se curan simplemente con el paso del tiempo.

- ...O estás ganando espontaneidad. ¿Y quién necesita luchar contra sus filias, si puede dejarse llevar por ellas? -le enseñó los dientes con gesto bromista, como un depredador, en una sonrisa callejera llena de ganas, antes de hundirlos en su cuello, apartando con dos dedos el cuello de la camisa, y apoyando la otra mano, cálida, en el trozo de carne descubierto en su espalda- Aún estoy perfeccionando mi rugido...

- ¿Y quién coño quiere esa espontaneidad? ¿Huh?

Su mirada era burlona, tal vez con un matiz casi despectivo incluso cuando él mostrólos dientes, pero el roce en su cuello envió al traste su cinismo, despertando alguna sensación que llevaba tiempo dormida. Ahogó algo a medio camino entre un gruñido y un gemido y, no sin cierta dificultad, se puso en pie, seguida por él, tratando de tirar de la trabilla del pantalón de Johnny hacia la escalerilla y desabrocharse la camisa al mismo tiempo.

- Será ruidoso, sucio y probablemente decepcionante, si logro recordar cómo coño...

La voz de Kira sonaba pastosa y pasó a ser casi un gruñido ininteligible mientras se peleaba con los botones. Riendo, enlazados y trastabilleando, bajaron al camarote dejando una camiseta blanca y una camisa de cuadros arrugadas en el suelo a su paso. La sonrisa ladeada de Johnny creció al mirarla nuevamente.

-...será perfecto, entonces. -no apartó los labios de los de Kira para murmurar- Sólo es sucio si se hace bien.

Apenas rozó el culo de Kira bajo la escasa tela de sus vaqueros cortos antes de arrastrarlos con los pulgares y dejarlos caer sobre las tablas, desquitándose del tiempo de espera con besos hambrientos, con manos ávidas. Sus manos... a pesar del colocón, sus manos eran ágiles, inspiradas y le ahorraron a Kira la tarea de desabrocharle el vaquero. La tela de sus boxers, tensa, presionaba contra ella cuando volvió a besarla, ahora más acelerado, medio caminando medio empujándola hasta llegar a la pared, haciéndola caminar hacia atrás. Kira sólo despegaba los labios de los de Johnny para arañar con los dientes la línea de su mandíbula, haciendo presa en su cuello ocasionalmente. Se descalzó, usando la puntera de la bota para empujar el talón de la contraria, aferrándose a él tratando de mantener el equilibrio y sonriendo de lado contra su boca al sentir el calor de su piel, el generoso bulto creciente que palpitaba contra su vientre.

- ¿Recordarlo? Esto es como andar en bici... -la risa de Johnny vibró contra su pecho, su voz era rasgada y su barba le hacía cosquillas-...pero más divertido.

Con una respiración pesada, jadeante, echó la cabeza hacia atrás, disfrutando del roce áspero de la barba de Johnny en la sensible piel del pecho, sus dientes rozando sus pezones a través de la tela; subió la mano por su nuca y la enredó en su pelo, tirando hacia atrás, buscando sus labios con cierta avidez y desembarazándose con economía de movimientos de su sencillo sujetador de algodón blanco. Tras un rato de trabajo manual murmuró en su oído, en tono de guasa- Cerraste, ¿verdad? No me haría mucha gracia que ahora se asomaran un par de rubias de huesos prominentes a reclamar mimos y canciones… No creo que fuera capaz de parar.

- Kira, ¿quieres que esto siga arriba o...?

Rió contra sus labios, mitad besando, mitad rezongando ante la alusión a la imagen de los huesos. La marihuana o la pasión le hacían en esos momentos inmune al agobio, como si hubiese esperado por ello mucho tiempo y no quisiera dejar ni un rincón de ella que no explorasen sus manos o sus labios y cualquier otra cosa pudiera esperar. Recorrió, asomando el dedo por el borde, el contorno de su bikini tricotado. Entonces, el rato de trabajo manual de ella se vio recompensado por su mano izquierda, de uñas cortas, algo callosa y entrenada, ducha, que ya sabía dónde debía tocar.
La altura de Kira les permitía quedar cara a cara, cosa que Johnny parecía agradecer en ese momento, atento a cada expresión de su rostro, a cada gemido, a cada exhortación.
No pasó mucho tiempo hasta que la prenda se convirtió en un pingajo colgando de una de las piernas de Kira, pierna que rodeaba la cintura de Johnny empujándole hacia sí.

- Ni modales en la mesa, ni modales en la cama...

Rió, moviendo las caderas con cierta brusquedad hacia él. Sus movimientos sugerían cierta sed que llevaba tiempo sin saciarse, cada vez más rápidos, cada vez más bruscos también y encontraban el contrapunto perfecto en las embestidas de él. Sus uñas bajaban por la sudorosa espalda de Johnny, hundiéndose en la piel cuando su cuerpo se estremeció en una oleada de placer que aceleró el orgasmo del hombre. Kira tomó aire, el pelo cayéndole en mechones húmedos sobre la cara y apoyó la mano en su pecho con un gesto casi de burla.
La expresión de él era casi de sorpresa cuando la avidez de ella le llevó a correrse como un quinceañero, a lo loco; permaneciendo dentro de ella por un rato, exhausto, casi temblando, renuente a romper el abrazo.

- Eres... joder.

- Pues yo me he notado bastante desentrenada.

- Menos mal...

Tras un beso breve, le dió la espalda para recoger su ropa interior, mientras él le echaba una última mirada a sus curvas. Se puso la camisa, sin llegar a abrocharla mientras él se calzaba el bóxer.

- ¿Hay tiempo para un par de caladas o mejor me abro?

- Hay tiempo para lo que quieras. -se echó una mirada por encima del hombro intentando ver su espalda, notando cierto escozor. Preparó nuevamente la pipa, calando un par de veces antes de pasársela- Toma. -la miraba tratando fijar la imagen de ella, tal cual estaba, en su retina, y pareció a punto de decir algo; en su lugar, una sonrisa se instaló en sus labios.

Devolviéndole una media sonrisa, tomó la pipa y cerró los ojos para aspirar, una calada larga, profunda, directa a los pulmones especialmente receptivos tras la actividad física. El único sonido audible, aparte del rítmico batir de las olas contra el casco, era el característico sonido siseante, seguido por el silencio mientras retenía el humo dentro de sí. Al exhalar abrió los ojos, su mirada estaba desenfocada cuando le devolvió la pipa.

- Date la vuelta. -sus contorsiones no le habían pasado desapercibidas. Se asomó tratando de atisbar qué diablos había en su espalda y sus cejas se arquearon en un gesto de sorpresa al ver el mapa de arañazos- ¿Te has peleado con un zorro rabioso?

Su voz resultó genuinamente sorprendida. Tras palpar uno de los bolsillos de su pantalón se acomodó detrás de él, sentándose con las piernas abiertas a ambos lados de su cuerpo. Sacó un pañuelo que humedeció con el licor que ambos dejaran olvidado, recorriendo en sentido ascendente cada una de las marcas de su espalda.

- Daños colaterales. -resopló divertido, cómodo, dando otra calada a la pipa, y apenas siseó cuando ella aplicó el alcohol a los rasguños- Los enseñaría como orgulloso combatiente, si eso no me metiese a una espiral de drama innecesario. -acariciaba distraidamente las piernas de ella a los lados de su cuerpo, sujetando la pipa con los dientes hacia un lado, dejándose hacer- Una lucha tan dura siempre deja alguna cicatriz... -ya no parecía hablar del rato pasado, ni de las cicatrices físicas, y su voz sonaba como cuando cantaba, algo arrastrada por el humo y el plácido cansancio. Cuando ella terminó con su espalda, estaba tan agusto que apenas podía hablar- Gracias.

Kira torció el gesto cuando él aludió a luchas y cicatrices, sin seguirle- Es una de esas metáforas, ¿verdad? -apoyó la barbilla en su hombro para tratar de llegar a la pipa; él apartó con renuencia la mano de su mulso para ofrecerle la boquilla- ¿Gracias? -de nuevo estaba perdida y apretó uno de sus hombros en un gesto de cariño un tanto torpe, poco acostumbrada, antes de sentarse a su lado- No me extraña que te llevaras bien con Kuroa, siempre estaba con esas cosas... palabras que parecen ser una cosa pero resulta que están hablando de otra totalmente distinta...

- Sí, alma de artistas o deformación profesional, llámalo como quieras. A veces la forma de decir las cosas importa, y el arte es la sublimación de lo inútil. -le apartó un mechón de pelo de la cara-

- En cambio yo creo que a veces se les da demasiada importancia a las palabras. -estiró los brazos por encima de la cabeza, arqueando la espalda- Supongo que soy más de hechos. Ha sido extrañamente agradable conocerte, charlar, aunque no estoy a la altura con eso de las palabras, jamás se me han dado bien y perro viejo no aprende trucos nuevos. -le pasó la pipa tras darle una larga calada y se levantó, caminando por la estancia, buscando el resto de su ropa que estaba diseminada por todas partes y vistiéndose con aspecto relajado, cómodo, con total aire de normalidad.

- Voy a echar de menos las charlas hasta las tantas. Pero me alegro de llevarme conmigo un recuerdo así para mi colección.

La miraba vestirse, como si la visión de esas piernas desnudas fuese demasiado valiosa para perdérsela haciendo otra cosa que fumar en silencio, mientras Kira era totalmente ajena a su mirada. Disfrutaba de estos momentos que sabía probablemente los últimos juntos, buscando su propia ropa por la desordenada estancia cuando ella terminó de vestirse.

- ¿Cómo coño me has liado? Es acojonante la cantidad de cosas que te he... -alzó una mano, negando con la cabeza y abriendo y cerrando la boca como un pez fuera del agua antes de bajarla en un gesto casi impotente, resignándose a no encontrar las palabras o a no entender la cercanía que Johnny le había hecho sentir y que ella seguía interpretando como vulnerabilidad.

Johnny le ofreció una sonrisa por respuesta y una caricia en la parte baja de la espalda. Dió una última calada antes de vaciar la pipa y se revolvió el pelo para apartarlo de la cara, despeinado como de costumbre- Te abro... joder, -rió resoplando- no me gustan las despedidas. No quiero descubrirme mirando el polvo que levanta tu cacharro al arrancar. En el fondo soy un sentimental. -bromeaba, sin saber explicar mejor ese gusanillo agridulce de las buenas despedidas, y le plantó un último beso, lento y cálido, en los labios, antes de subir del todo la escalerilla a cubierta- Me quedaré en el puerto un rato. Que consigas pronto tu sueño, y que sea tan brillante como lo imaginaste. Esperaré a oír algún día a mi espalda el rugido de un flamante motor nuevo.

- Nah, no harás nada de eso, además, algo me dice que no te van a dar tiempo a aburrirte ahí fuera. -respondió a su beso, aunque no se abandonó a él, sus ojos permanecieron abiertos, observándole- No será pronto, pero... no sería raro que volviéramos a cruzarnos, ¿no? Si para entonces lo he conseguido, haremos música juntos. Y... Johnny, -apoyó la mano en su pecho- Si vuelves a verle, a verlos, a Kuroa y a Iron, dile que... -retuvo el aliento por un momento y desechó la idea antes de verbalizarla- Salúdales de mi parte, por favor.

Johnny se limitó a asentir en silencio, comprendiéndola, mientras ella saltaba a tierra.

- Cuídate, hazlo.

- Nos vemos. -Kira asintió, alzando la mano y dándole una sonrisa fugaz antes de alejarse silbando los primeros acordes de una mentira, sin volverse.




Contra su propio vaticinio, el final de Kira no fue ruidoso ni tampoco especialmente sucio, unas tres semanas después de dejar Puerto Albía conducía su trasto por la carretera del pantano, una mano en el volante y la otra en el aparato de radio mientras trataba de sintonizar alguna emisora. Parada cardiorespiratoria, ya estaba muerta cuando el coche se empotró contra el robusto ciprés mientras, irónicamente, la rasposa y profunda voz de Johnny Cash desgranaba los versos de aquella misma mentira en el viejo radiocasette.

jueves, 18 de julio de 2013

FUE EN UN PUEBLO CON MAR VIII: Claudicación


Cuando Johnny despertó estaba solo en la playa, con la cara y el pecho ligeramente enrojecidos por el sol. Se incorporó y se pasó la mano por la nuca, con una sonrisa de asunción : Kira debía de haberse despertado y largado sin decirle nada. No le sorprendía.

El siguiente par de días no la vio por ningún lado. Estuvo tentado a dejarse caer por el taller, pero realmente tampoco tenía ningún motivo para hacerlo.
La habría encontrado allí, casi sobria y haciendo turno doble. El viernes coincidieron finalmente.

Kira hablaba con Luther en la puerta del taller, Antuán se había negado a cobrarle por el uso de la maquinaria, ni siquiera le cobró los materiales y ella no quería irse sin pagar. Le dio la sensación de que el tío la miraba como si estuviera loca por insistir.

- Te dejaré algo a ti en depósito entonces, el trabajo está hecho y mis cosas también, no puedo esperar a que Antuán vuelva, necesito hacer el petate ya.

- Como quieras, pero no creo que tarde más de cuatro o cinco días.

En ocasiones, toda una vida podía caber en cuatro o cinco días.

Habiendo dejadas saldadas las cuentas con el tío del alquiler primero y con Luther después, enfiló hacia el aparcamiento, donde Johnny la encontró peleando con el exiguo espacio libre del maletero de su tartana.

- Creo que el otro día aquel sueño te vino muy bien para ocultar que tal vez, tal vez... -su voz sonaba divertida- ¿...este cantante tenía un poco de razón en sus disertaciones y el mundo apesta menos de lo que quieres creer?

Kira se irguió al oír la voz con tinte guasón a su espalda.

- No tengo ni idea de a qué te refieres. -cerró el maletero y se dio la vuelta para mirarle, con las manos metidas en los bolsillos. Su expresión dejaba claro que lo sabía perfectamente- Había bebido demasiado como para rebatir tus argumentos, las palabras no se me dan bien y eso... -incluso a ella misma parecían avergonzarla las excusas con las que evitaba darle la razón. Dio el par de pasos que les separaban de la descuidada hierba de la cuneta, y se sentó, palmeando el suelo a su lado- No es que el mundo apeste, somos las personas. Ya, ya sé lo que vas a decirme. -miró hacia arriba, atajando la frase que creía ir a recibir en respuesta aún antes de darle tiempo a verbalizarla- Ya sabes lo que pienso, es cuestión de estadística: te gusta la gente más que a mí, te has relacionado con más personas, habrás conocido más gente interesante.

Johnny se sentó junto a ella, conservando en todo momento la expresión divertida, afable, incluso el tono fue algo infantil cuando se aferró a su argumento, siguiendo la línea de las excusas núbiles de Kira.

- He ganado. -dijo simplemente, doblando las rodillas hacia el pecho y riendo ante su expresión de desconcierto. Giró la cabeza hacia ella y le ofreció su sonrisa más encantadora- He ganado. Tus réplicas... -chasqueó la lengua. Parecía estarse divirtiendo, necesitar incluso esa diversión, porque hizo el gesto de ir a por la maría pero lo dejó a medias, volviendo a mirarla, desde las botas hacia arriba hasta los ojos- ¿Puedo elegir premio?

- ¿Qué coño...? -su frase pareció desubicarla totalmente, le miró alzando cejas, hombros y manos al mismo tiempo y terminó por soltar una carcajada que la sorprendió incluso a ella misma cuando él repitió la frase. Johnny también pareció sorprendido por el sonido de su risa, sonriendo ampliamente y uniéndose a ella- Como si tuviera mucho mérito darle un baño a una tarada borracha que nunca se ha llevado demasiado bien con las palabras. Aunque lo mismo me hubiera esmerado más si hubiera sabido que nos jugábamos algo. -llevó las manos a la espalda, apoyándose en ellas y cruzando una pierna sobre la otra- Prueba, pide, pero soy la tipa más avara que te puedas imaginar desde que acordé ese trato con el del concesionario.

- Iba a... -arrancó un diente de león y subió la mirada a sus ojos color miel, apuntándola con la flor- Iba a darte a elegir. Entre una sonrisa que me reconciliara con el mundo, o un beso. Que a veces no reconcilia, pero siempre sienta bien, y no creo que interfiera en tu camino al cadillac. -sopló los vilanos, dejando que el viento los arrastrara y la miró con cierto aire resignado, apartando el que se había quedado prendido a la mejilla de Kira mientras ésta cerraba los ojos- Pero supongo que acabas de ofrecérmelo hace un momento.

- ¿Los coleccionas? -su ceja izquierda se disparó hacia arriba- Creía que era yo la que tenía que reconciliarse con el mundo. -apartó los ojos de él y miró hacia el barco, apuntando en su dirección con la barbilla- Ya no tengo quince años para esconderme con Johnny en el cobertizo para jugar a las miraditas a escondidas de Judy. -volvió a mirarle tras aludir a Tiffany- De todas formas... -sacudió la cabeza, contagiada de su diversión- Hay cosas que no se piden.

- Se podría decir que sí los colecciono. Son mis cosas brillantes. -pareció perder toda pose y su mirada era más sincera, como si la viera o se vieran distintos al estar totalmente sobrios. Apartó la mano de su cara y negó con la cabeza- Johnny no está ennoviado con Judy. -su voz sonaba más baja, más rasgada, expulsando el aire con aire de derrota o cansancio- Y a veces, hasta el más contumaz de los optimistas necesita algo que le reconcilie con el mundo. -sonrió hacia un lado, echando una mirada no disimulada a sus piernas- No me culpes por intentarlo, cualquiera se hubiera quedado con ganas de más.

- ¿Y Judy lo sabe? -alzó un hombro, sin mover las manos, como diciéndole que realmente no le importaba la respuesta- Sólo fue un beso de buenas noches, nadie se hubiera quedado con ganas de más realmente a menos que ya las tuviera de antes. -Johnny no hizo ademán de rebatirla y ella pareció no poder evitar otra casi carcajada, silenciosa esta vez- Tus cosas brillantes... y has ganado, ¿eh? -le miró, aún con expresión divertida- Te he imaginado como un crío, con una caja de... cosas brillantes. -cerró los ojos- Me patina la cabeza cuando estoy sobria, ¿Te pasa? ¿Qué le ha hecho el mundo a don optimista para que necesite reconciliación? Si hay un montón de cosas maravillosas y todo eso...

- Creo que es obvio que... -carraspeó con aire jodido, pero respondió con sinceridad- fumar es mi única válvula de escape esta temporada. Todo son problemas. No me gusta que me tiendan cadenas, pero ya he aprendido a vivir con ello y pasar. Lo que no aguanto... -hizo un gesto de borrarlo con la mano, como si no hablar de ello fuese su mejor solución a los problemas- es lidiar con esa enfermedad asquerosa. No puedo dejar tirado a alguien así, a una amistad, no puedo, simplemente. Supongo que se paga el hecho de que a uno le guste la gente. -se pasó la mano por la cara, y después ésta fue al bolsillo, sacando el librillo de papel, pero volviendo a guardarlo después. El gesto no le pasó desapercibido a Kira, que apretó un puñado de hierba en su mano - En cierto modo, me gustaría poder ser como tú, guardar distancia. Pero si fuese así, probablemente no me habría tomado la molestia de conocer a la rubia más dura que me he cruzado. -la sonrisa callejera, resignada, volvió a sus labios- Y dormiría mejor por las noches. -apartó el pelo que el viento se empeñaba en soplar sobre el rostro de Kira y prosiguió, con voz profunda, suave- Me llevo tu risa para mi caja de tesoros. -fingió agitar una caja con gesto infantil- Algo me dice que es más difícil todavía de conseguir, las prodigas muy poco, y llegué a pensar que fracasaría en conseguir la tuya. Johnny, cantautor y ladrón de sonrisas. Será de lo más valioso de mi colección.

- Bah, a veces uno simplemente no se da cuenta de que le están poniendo la correa hasta que ya es demasiado tarde. No te gustaría ser como yo, Johnny, te marchitarías, a veces es... jodidamente abru... -resopló, inclinándose hacia delante, doblando las rodillas hacia el pecho y rodeándolas con los brazos- A veces tanto silencio apesta, pero no puedo evitarlo, cada uno es lo que es y tú eres una persona que necesita... -abarcó la pradera y la playa con la vista y sacudió la cabeza antes de volver a mirarle- iba a decir "esto", pero me da que tampoco. -se encogió de hombros- ¿Dura? Si es un eufemismo para gilipollas me vale, si no... No entiendo qué carajo quiere decir eso. Y no, no te he dado nada valioso en realidad, es una especie de prototipo nada más.

Giró la cabeza para mirar al frente, hacia el trozo de pradera y la vasta extensión de mar azul ante ellos que casi parecía irreal bajo el luminoso sol. Llevó una mano a la nuca de Johnny, dejándola allí por un momento en una especie de gesto de muda y torpe cercanía.

- No tienes ni idea del valor que tiene para mí. Eres una canción con piernas. Con buenas piernas. Y estoy convencido... Esto suena mejor en una nube de maría, pero... estoy convencido de que la sonrisa es la puerta más directa para conectar con alguien. Si me equivoco, pierdo y puedes pedir algo brillante, pero dime, sinceramente. -la miró directo, escrutador, pellizcándose y retorciendo la barba distraídamente- ¿Sonreíste con tu extranjero? No me digas que una de esas sonrisas cínicas, esas no cuentan... ¿te reíste de verdad alguna vez, de esas que no puedes evitar? -antes de dejarla responder se aventuró con otra pregunta, en voz más baja- ¿Sonreía Trenzaslargas con su pareja de baile?

Contuvo la respiración y tardó en responder, obviando en un primer momento su pregunta.

- No necesitas decirme esas cosas para agradarme, ni para gustarme. -lo miró ladeando la cabeza, como un animal cuando intenta comprender. No sonaba a reproche, ni estaba molesta, simplemente sus palabras la sorprendieron- Bueno, con él era distinto...

Un recuerdo pareció tirar de una de sus comisuras y dibujar precisamente la sonrisa cínica a la que él aludía.

- Joder, ni siquiera le entendía la mitad del tiempo, pero alguna vez sonreía, si, claro -no pudo evitar recordar aquel baile en cubierta, aquel coloso vestido únicamente con un delantal y una espátula de madera... a pesar de ello, había un cierto matiz dubitativo en su voz, que se volvió absolutamente rotunda al responder a la siguiente pregunta, bajando la vista ahora por el pecho de Johnny hasta la hierba, como si la confesión ya fuera demasiado como para, además, mostrarle la expresión de su cara- Trenzaslargas sonreía. Y se reía. Y a veces se ponía de una mala hostia increíble. -asintió despacio, con una sonrisa más cálida esta vez, tal vez eco de aquella otra sonrisa.

- ¿Las mujeres siempre se ven con peores ojos que como nosotras las miramos? Es... raro. -parecía disertar más para él que para ella, pero volvió a mirarla con aspecto sincero y voz tranquila, como quien dice algo que da por hecho- No he mentido en nada de lo que he dicho, ya sé que no te gusto, pero sólo tengo mi labia contra los músculos. Y soy demasiado vago para hacer abdominales. -la sonrisa ladeada volvió a sus labios, asumiendo con calma que no tenía nada que hacer, pero eso no le hizo alejarse. Extendió una mano hasta rozar la sonrisa de Kira con la yema de los dedos, bajando el roce a su barbilla y haciéndola mirarle- Es un idiota con suerte... es valiosa. Muy valiosa.

- La labia es buen arma... No, no es cuestión de músculos, no en un porcentaje demasiado relevante al menos. -se recostó también, de lado, con el codo doblado para sostener su cabeza en la mano- Parafraseándote, ese valor lo tasan los ojos del que lo mira, así que... -su expresión daba a entender que probablemente los ojos de Johnny veían más brillo ahí del que había visto esa persona. Estiró el brazo y apoyó en él la cabeza. Su voz también bajó a medida que lo hicieron sus párpados- Era un idiota...y espero que tenga suerte. -alargó la mano y casi a ciegas pellizcó su barba, imitando su gesto en un ligero tirón- Y que la tengas tú también.

Johnny cerró los ojos a su vez. Disfrutaron del silencio y la mutua compañía por un rato, al cabo del cual Johnny se puso de pie y tironeó del brazo de Kira.

- Anda, ven, te invito a una barbacoa en el barco. Tendrás que comer,¿no?

Se dejó levantar y le ofreció una sonrisa burlona mientras se sacudía la trasera de los pantalones.

- Déjame ir a comprar algunas cosas, algunos somos carnívoros y tu concepto de barbacoa sólo lleva verde. Nos vemos allí en una hora.

martes, 16 de julio de 2013

FUE EN UN PUEBLO CON MAR VII: Demonios ajenos


Johnny no entendía del todo a Tiff, le destrozaba verla así de rota, pero no sabía qué podía hacer por ella, lo había intentado todo. Lo único que ella parecía querer era precisamente aquello que él le había negado desde el principio. Jamás la engañó, nunca le prometió nada... y estaba ya cinco o seis escenas de celos por encima de lo que era capaz de aguantar. No le iba el drama, las escenitas de vodevil y, mucho menos, los rollos posesivos; se había hartado de explicarle que no era de su propiedad, que no eran pareja, que no estaba enamorado... ella se disculpaba, lloraba, le suplicaba, le prometía, trataba de negociar... Ya ni siquiera lo hacían, era incapaz, tocara donde tocara había un hueso apunto de clavársele y su carácter en las últimas semanas era de todo menos incitante. Últimamente, en lugar de montarle bronca tras bronca, tal vez temerosa de que la largara definitivamente, le había dado por hacerse daño y por matarse de hambre. Sabía cómo le minaba verla mal... aunque no sabía lo harto que realmente estaba. Si no fuera por Elena... Adoraba a esa cría, su olor, su pequeña e inocente cabecita, la ternura que desprendía, esa sonrisa rápida en la que se convertía su carita adormilada cuando la despertaba...

Sacó la pipa y la cargó con algo de hachís, colgándola de la comisura de sus labios sin encenderla aún. Tenía que preparar el concierto; tenía más o menos claro el repertorio, pero quería meter algo nuevo. Había surgido todo un poco de forma improvisada y no estaba del todo seguro si Antuán realmente lo consideraba una buena idea, o había aceptado por educación. De todas formas, necesitaba la pasta y le apetecía tocar. Encendió la pipa y palmeó el costado de su Gibson recordando el último concierto, había salido mejor de lo que esperaba a pesar de... todo. Una sonrisa afloró a sus labios al recordar a las chicas del Cathy's y le brindó una calada a su recuerdo.
Tal vez fuera el colocón, la música, el anochecer en cubierta... era imposible estar de mal humor y le apetecía compañía, le apetecía alejarse de Tiffany y, sobre todo, de la nube negra que parecía ir encima de ella a todas partes. La dejó quejándose de que fuera hacía demasiado calor y dentro tenía frío, preguntándose cuándo había sido la última vez que la había escuchado encontrar algo a su gusto, o expresar satisfacción por alguna cosa.


Caminó por la playa, con la guitarra a la espalda, sonriéndose al reconocer la figura de Kira sentada en la arena. Sus piernas bronceadas, sus vaqueros cortos... Parecía en otra galaxia, jugando con lo que descubrió, al acercarse más, era una corta flauta de madera de aspecto viejo. La había visto alguna vez asomar del bolsillo trasero de sus pantalones. Sin mediar palabra, se sentó a su lado y apoyó la mano en la madera de la guitarra, para después demostrarle el registro del instrumento punteando una escala, desde la cuerda más grave, subiendo en acelerada progresión hacia el tono más agudo que podía conseguir, trepando por el mástil hasta que la cuerda parece estar dando todo de sí. Miró a Kira casi desafiante, sonrió un poco más, y dejó que su dedo se deslizara por la cuerda, pegado al mástil, obteniendo un riff corto al ser la guitarra acústica, e improvisando un motivo musical sencillo para deshacer el resto de la escala hasta los graves.

- Ni un cadillac suena así de bien, aunque vaya lleno de rubias guapas.

La sonrisa que le ofreció a Johnny cuando éste se sentó a su lado no lograba parecer del todo sincera, como si no estuviese de humor, aunque su mirada evidenciaba que su compañía no le era en absoluto desagradable. Bajó la vista y volvió a mirarle en cuanto el sonido del primer mi en la sexta reverberó, una de sus comisuras estirándose en una media sonrisa lenta mientras Johnny toqueteaba los bordones ejecutando unos bajos vibrantes, desapareciendo paulatinamente a medida que su mano subía por los trastes. Llevó la mano a la embocadura de la flauta, jugando con ella mientras escuchaba el riff, acariciando distraídamente el bisel. La dejó sobre la arena, entre ambos, y de nuevo pareció a punto de sonreír con cierto esfuerzo, o tal vez en reconocimiento del suyo, en cuanto Johnny pulsó el sol, manteniendo el gesto mientras bajaba de nuevo a mi.

- No sabes lo que dices -movió la cabeza de izquierda a derecha con expresión de sorna- El ronroneo suave de un cadillac, subiendo progresivamente hasta convertirse en rugido, deslizante... Nah, no lo compro, tío. -le miró mientras inclinaba la botella para refrescarse con un trago de blanco, aunque parecía algo ebria ya- No hay color.

- Menos mal que con esas piernas no te hace falta tener oído... -no estaba claro si el comentario había herido su orgullo realmente o sólo estaba picado. Dejó la guitarra, hablándole con voz rasgada, como si a ella le interesase el tema o hubiese preguntado- A veces las letras vienen solas, pero la melodía no acaba de convencerte. Y necesito tener la mente despejada para componer, sin agobio... No ha sido así esta temporada. Pero los últimos días parece que la cosa mejora. En este mundillo estás sujeto a la inspiración, y es una amante esquiva. -la miró, con un toque canalla antes de recalcar- Muy esquiva.

No parecía ser consciente de que volvía sobre el mismo tema, como si el desprecio de ella por su música le hubiese afectado

- Supongo que tiene que ser... -fruncía el ceño, tratando de buscar la palabra- ¿catártico? -parecía buscar confirmación o corrección en sus ojos- Poder sacar así toda la... mierda. No te ofendas, ya me entiendes. -exhaló en una carcajada corta, carente de alegría- No sé, hace años me fascinaba la creatividad, me maravillaba... con el paso del tiempo y las... cosas -una mano distraída recorría la cicatriz de su brazo mientras hablaba- pasó a parecerme una especie de debilidad, ¿sabes? Es decir ¿quién necesita eso? Alcohol, comida, sexo, actividad física, dinero... ésas son las necesidades verdaderas ¿por qué buscarse más?

Al escucharla hablar de las necesidades básicas una sonrisa callejera, inevitable, se dibujó en los labios de Johnny, y la miró, sin que sus dedos dejasen de acariciar las cuerdas, como si tuviese la sensibilidad de las yemas especialmente despierta, concentrado en la sensación.

- Creo que los artistas, como tú los llamas, tenemos esas necesidades tan despiertas que nos comemos el mundo, no hay nada que pueda satisfacer nuestras ganas de probar, de descubrir, de todo. Y es esa curiosidad, esas ganas, esa energía desbordante la que dejas en tus creaciones. Una parte de ti. ¿Catártico? Sí, por qué no decirlo así, es casi lo más catártico que conozco. Te he visto esa flauta antes... ¿tocas? Cualquiera lo diría.

- No, es un recuerdo, nunca la he tocado. Sólo conozco una canción y jamás he probado a intentar tocarla, no creo que supiera y en todo caso, suena bien cuando la silbo. Si tratara de aprender a tocarla con la flauta tardaría en lograr que sonase como debe, y correría el riesgo de olvidarla, de confundirla.

No parecía querer correr ese riesgo.

- Sílbala. ¿Ves? Me das un dato y no me basta, quiero saberlo todo. -gesticulaba con ambas manos, tocándose las sienes y extendiendo los brazos después, vehemente- La flauta, la melodía, las piernas... ¿acabo de decir eso en voz alta? -pareció desconcertado y divertido al tiempo durante un momento, y después se encogió de hombros, sin darle mayor importancia- Sílbala. Por favor.

Tras un momento de renuencia, Kira se encogió de hombros y cerró los ojos, recordando. Daba la sensación de sentirse incómoda, fuera de lugar, cuando comenzó a silbar bajo una melodía lenta, triste, casi con un matiz anhelante que iba poco a poco acelerándose hasta alcanzar un ostinato en compás de 3/4 que parecía girar sobre sí mismo una y otra vez antes de volver a ralentizarse. Cortó el final de forma abrupta, abriendo entonces los ojos y mirándole mientras alzaba un hombro con una expresión que parecía decir "eso era todo".

Johnny escuchaba la melodía con los párpados a media asta, pero atento al sonido, como si tratase de memorizarlo. Cuando Kira terminó, repitió la melodía en un silbido apenas audible, con bastante acierto.

- No está nada mal, nada mal. Sí... esa clase de melodía pide viento, no cuerda. -parecía disfrutar desentrañando la música, moviendo el pie marcando el compás que ella utilizó- ¿...de Kuroa?

- No, de Abril... Era una chica que... no sé de dónde salió en realidad, pero solía viajar con ellos dos de vez en cuando, se quedó a vivir en Ethea unos años cuando finalmente se fueron del todo. Solía tocar esa melodía con esta flauta muy a menudo. Tal vez a Kuroa le resulte familiar. -se cruzó de brazos con un matiz en su voz... nostálgico, casi melancólico. Como espoleada por una idea repentina, se giró súbitamente hacia Johnny, apoyando el índice en su pecho- Ni se te ocurra tocarla delante de McNeil.

Dominó, o eso creía ella, toda muestra de debilidad mientras su mente volaba irremediablemente a aquel momento y lugar, ambos silbando esa canción mientras bailaban.

- Tranquila, no sabrá por mí que tienes sentimientos. -resopló ante su advertencia hinchando un poco el pecho, desplazando su dedo apenas hacia fuera. Aún le dedicó una sonrisa ladeada antes de apoyar la mano en su rodilla- ¿Sabes dónde puede estar ahora Abril? Podría ser interesante un dueto, ya que con Kuroa no pudo ser por falta de tiempo...

- Con un par de metros de tierra encima del pecho. -la expresión de Kira era hermética. El sonido de los goznes estaba ahí, entre sus palabras. Y el de unos cuantos cerrojos bloqueando la puerta- Cuando volví del primer viaje al pantano me encontré la flauta medio enterrada en el suelo, como si fuese basura, y el jefe me dijo que había muerto. El corazón y eso. -apretó la mano sobre la de Johnny en lo que empezó siendo una caricia y terminó en casi un manotazo, sin ser demasiado brusco. Se apoyó en su hombro para levantarse- ¿Y qué más da si los tengo? Te aseguro que no pienso hacer nada con ellos... -alzó ambas manos con las palmas hacia afuera antes de agacharse a recoger la flauta y lanzarla hacia el mar casi con rabia. Se volvió antes de verla hundirse en el agua.

- Deberías descansar. -murmuró ya de espaldas antes de alejarse.



Abril también había estado colgada de Iron, más que Kira, de una forma más... dulce. Casi todo en Abril era dulce y suave. Seguro que era capaz de tirarse un pedo suave y dulcemente. En una ocasión le preguntó a Kira qué hacían ella e Iron cuando se encerraban en la habitación de atrás y Kira le había soltado un bufido. Se sintió como una mierda durante varios días, darle una mala contestación a Abril era como pegarle una patada a un cachorro. A un cachorro dulce y suave. El hecho de que ella la perdonara y le hiciera una "pulsera de la amistad" sólo la hizo sentir peor. Una pulsera de la amistad era lo mismo que una ristra de huesecillos teñidos en colores chillones y ensartados en un hilo, una guarrada, pero ambas habían llevado aquellas pulseras idénticas durante años, hasta que Kira había perdido la suya en aquel accidente con el caimán, poco antes de conocer a Ruud en aquel pantano de mierda.

Abril había sido una de las pocas personas del mundo capaces de comerse algo cocinado por Kira, decir que estaba bueno y resultar creíble. Si Kira echaba de menos esos abrazos largos que duraban hasta que se agobiaba y empezaba a protestar, nunca lo dijo en voz alta, pero le habría partido la cara a cualquiera que la hubiera hecho perder la sonrisa. Y aquella hija de puta ni siquiera había sido capaz de intentar localizarla cuando Abril murió, o siquiera de recordar cuándo habia muerto exactamente o... No, se limitó a decirle que se había muerto y que no habían podido aún ponerle una lápida, con una sonrisa de oreja a oreja y todo aquel oro que siempre llevaba encima... El jefe previó la tragedia y se llevó a Kira a la bodega con la excusa de enseñarle las instalaciones nuevas. Ese día les había hecho un favor a ambas.



Bebió hasta conseguir quedarse dormida, un pesado sueño sin sueños, lo justo para cargar medianamente la batería. Apenas cinco horas después se despertó con la sombría perspectiva de tener todo el día por delante. No le gustaban demasiado los días libres. Salió del pequeño apartamento que tenía alquilado dispuesta a pegarse media vuelta en cuanto alguien le diese los buenos días. Sólo tenía que dar cuatro pasos para llegar a la playa y esperaba que un baño la reconciliase de algún modo con... bueno, se conformaba con que la espabilase. Con la mirada baja, no se percató de que Johnny avanzaba hacia ella hasta que lo tuvo en frente.

- Creo que esto es tuyo –le tendió la botella casi intacta que Kira dejó junto a él la noche anterior.

- Hmh -estiró la mano y dió un trago antes de emitir más que un sonido gutural- Gracias. -pareció percatarse entonces de algo y estiró el brazo hacia él- ¿Un trago?

- No... no, gracias. Afortunada tú si no tienes resaca.

- Lo mejor contra la resaca es una copa.

Johnny la miraba dubitativo, con las manos en los bolsillos y tras una breve vacilación se sentó sobre la arena, invitándola a acompañarle.

- Me vale con un rato de conversación. Si es que me aguantas. -después de un corto silencio añadió- Siento lo de ayer, quizás removí recuerdos desagradables. Culpa de mi curiosidad, a veces meto la pata.

- Te perdono. -sonaba sincera; no parecía pretender resultar magnánima, aunque tampoco parecía ir a admitir que fue ella quien súbitamente se cerró en banda y se portó como una imbécil- Llevaba mucho tiempo sin pensar en todo eso. Y nunca había conocido a nadie que les hubiera conocido. -tras un largo trago, parecía más serena, más sosegada- Y ya se me había olvidado como era estar con gente, supongo.

- Pues si vas a ir a trabajar para el del concesionario y su mujer, parece que también los conocen. Al menos a Kuroa, puedes preguntar... A mí también me gustaría volver a verla.. los. Verlos. -confesó espontáneamente, dando por hecho que a ella también- No deberías dejar de hablar con gente. Tal vez podrían darte más pistas sobre ellos, o aburrirte, o sorprenderte. Pero pareces mejor cuando te olvidas de ser cínica. -sonrió resoplando, encogiéndose de hombros, y mirando hacia la orilla- Ya sé que no me has pedido mi opinión, pero tengo la costumbre de no callarme lo que pienso, ya lo sabes. Y a estas alturas confío en que tu parte Trenzaslargas me tenga el suficiente aprecio para no darme un puñetazo que imagino fuerte y doloroso, a la altura de su dueña.

Sonrió con ese aire callejero que no tapaba su confianza natural en la gente.

- No sé si quiero verlos. -frunció el ceño un momento, sorprendida por sus propias palabras- Me pone nerviosa la gente, ¿Para qué sirve? Puedo aburrirme sola y creo que no me gustan las sorpresas, prefiero pisar terreno sólido... -cruzó un tobillo sobre el otro y le miró casi divertida- ¿Qué tipo de mala bestia te piensas que soy? No voy por ahí repartiendo puñetazos. Bueno, casi nunca. Tengo las habilidades sociales de un caimán, pero no estoy tan jodida. Aún no. -dejó la botella entre ambos y echó un vistazo al sinuoso camino que llevaba al peñón desde el que el viejo castillo dominaba la costa- Cuando Antuán tenga a bien cobrarse la amabilidad de alquilarme sus herramientas y su taller, me esperan años de trabajo en el pantano de nuevo. Tal vez después de eso, si no salgo con los pies por delante y todo eso, sí me tralle lo bastante como para ir ofreciendo puñetazos gratis.

Era evidente que bromeaba, aunque sonaba agobiada. Johnny la dejó hablar antes de hacerlo él, le gustaba escucharla divagar.

- No puedes estar hablando en serio. ¿Que de qué sirve? Somos animales sociales, no somos nada sin los demás, para bien o para mal la diferencia con el resto nos define. Y tú eres diferente. Deberías brillar, enseñarte al mundo. Que no hubiera que pasar tanto trabajo, apartando capas y capas de cinismo para descubirte. -hablaba, con su voz suave, seductora, con aspecto sincero- Porque merece la pena hacerlo, tal vez nadie te lo ha dicho. -sacudió la cabeza lentamente, liando rápidamente un porro y dando un par de caladas, haciendo jirones el humo con su moviemiento- Que no te gustan las sorpresas... Si prefieres aburrirte sola, sólo tienes que decírmelo. Desapareceré tan rápido de tu vista como de tus pensamientos, con un par de copas de eso. -la marihuana viajando rápido a sus pulmones enseguida se dejó notar en su voz y en sus ojos. Sacudió de nuevo la cabeza ante el silencio de Kira- Joder. Consigues que uno se sienta incómodo. Es... bueno, no es que no me haya sentido incómodo o fuera de lugar antes. Pero... -se pasó la mano por el pelo, apartándolo hacia atrás- no con gente que... -se mordió la lengua para no acabar la frase, a tiempo para rehacer el final- con gente con la que me gusta estar.

De forma súbita, con cierta brusquedad, Kira volvió no sólo la cabeza si no el torso hacia él. Por un momento casi pareció a punto de agarrar la pechera de su camiseta.

- ¿Lo ves? Es la primera vez en mucho tiempo que toler... -resopló y prosiguió, sin mirarle ahora- que disfruto de la charla con alguien, que no me pesa la compañía y que la posibilidad de que se me vaya la lengua y acabe diciendo más cosas de las que suelo admitir no me haga levantarme y largarme después de mascullar alguna soplapollez. Y te hago sentir incómodo -llevó las manos a ambos lados de sus muslos, jugando con la arena, haciéndola escurrirse entre sus dedos- Porque ya no sé tratar con la gente. Porque la mayor parte de las personas que he conocido no merecen la pena, o porque me pone nerviosa conocer a gente que sí la merece -cuando se llevó la mano a la frente, deslizándola por su cara después, fue evidente un ligero temblor en ella- Soy una solitaria, eso no va a cambiar, pero... joder, me gustaría pensar que sabría dejar de serlo si... si quisiera.

A Johnny no le pasó inadvertido el temblor de su mano; desvió la vista un momento como si hubiese algo impúdico en observar su debilidad.

- A mi manera, yo también soy un solitario... Me gusta conocer a las personas, descubrirlas, me fascinan las historias que esconden detrás las mujeres. Pero al final, lo único que me llevo son mis recuerdos, con suerte un pellizco de inspiración y alguna venérea... -sonrió despreocupado- Alguna amistad que espero conservar y... supongo que contigo inauguraré otra clase de recuerdo. -sacudió la cabeza- Pero al final uno se va y sigue su camino... Por alguna razón tengo la impresión de que tú ni siquiera te llevas eso. De que si no te tiro de los recuerdos, si el vaso no ayuda, los almacenas en un rincón oscuro de tu memoria por el que no te gusta pasear.

Kira mantenía la vista fija en la puntera de sus botas mientras le escuchaba. Su respiración era más acelerada ahora, más agitada y Johnny era consciente de ello.

- Mientras están almacenados en algún rincón oscuro no te muerden el culo, ahí no molestan. Recuerdos. Sueños... -mientras hablaba llevó sus manos ante ella, con las palmas enfrentadas más o menos a la distancia de sus hombros- Supongo que la vida es lo que queda entre ambos, ¿verdad? Cuando los recuerdos son algo brillante -tecleó en el aire con los dedos de una mano, haciendo que la luz del sol reflectase en el aro que rodeaba su dedo corazón- y no hay nada detrás de esos sueños -movió entonces la otra mano- Cuando sólo tienes lo que está en medio, y eso no calma tu sed... ¿Para qué coño pasear entre esos recuerdos? Es... es como un cementerio lleno de posibilidades muertas, de cadáveres de deseos.

Johnny la escuchaba con interés, ligeramente colocado, siguiendo el movimiento de sus manos. En un momento dado anotó en un papel que saca distraídamente del bolsillo una frase.

- Una solitaria convencida. Y dices que dejarías de serlo si quisieras... -el porro o la impresión que le produjo el temblor de su mano le hicieron ser más osado- ¿también dejarías de beber si quisieras?

La a tensión en el cuerpo de Kira se hizo patente y la única forma en la que pudo o supo enfrentarse a esa pregunta fue envalentonándose con otro sorbo, antes de dirigirle una mirada no muy enfocada

- ¿Por qué querría dejar de beber? Supongo que el motivo lo es todo y... no se me ocurre ninguno.

- Porque si sigues, en unos años lo que quedará de ti, de tu paso por el mundo, podría ser esto. Una frase en el bolsillo de un cantautor errante. Porque tu sueño es conducir un coche muy veloz, por carreteras que pueden ser sinuosas. Porque echa por tierra toda esa mierda de que eres fuerte.

No parecía consciente de que hablar con el porro en la mano podría quitarle credibilidad. Incluso dio una calada.

- Una frase en el bolsillo de un cantautor errante es bastante más de lo que nunca pensé que pudiera dejar detrás de mí. La gracia de conducir un coche muy veloz, Johnny, es la potencialidad: la de dejar atrás lo que sea a golpe de acelerador y la de abrirte la cabeza en la siguiente curva. Pero ningún coche corre lo suficiente para dejar atrás según qué cosas. Y jamás he dicho que yo sea fuer...

- Porque no vas a volver a aquella última noche por más que bebas... -la miró, bajando la vista de sus ojos a su boca, soltando una pequeña nube de humo al hablar- Y porque me apuesto a que tus labios sabrían aún mucho mejor.

Su primera frase pareció clavársele especialmente, haciéndole tragarse parte de sus palabras y puede que el orgullo. De nuevo se escondió tras la botella, el temblor en su mano más evidente, quizás por la embriaguez o por algún tipo de alteración. Fijó la vista en las volutas de humo que salían de sus labios e incluso acercó los suyos hasta casi rozar su boca, desviándose a su oreja en el último momento.

- ¿Sabes lo que es que se siente cuando has sido feliz y tienes la absoluta, jodida y lacerante certeza de que jamás volverás a serlo? ¿De que, por algún motivo, eso te está vedado? ¿De desear desesperadamente algo que rozas, que acaricias, pero que sabes que no vas a poseer jamás y tener la sospecha de que, incluso si lo tuvieras, justo en ese instante perdería su importancia? Es devastador. Y te hace cínica. No, no creo que pudiera dejar de beber aunque quisiera. -se alejó, volviendo a respetar su espacio interpersonal y retomando la postura anterior, la barbilla levantada y los ojos fijos en el cielo- Pero tampoco creo que haya nada en el mundo que me haga desear dejar de beber. Te da esperanzas, ¿sabes? Le da a todo un aire de irrealidad... -dejó escapar una carcajada que logró sonar triste- Qué coño, te permite creerte que tal vez todo sea un sueño, uno gris. Te regala una maravillosa inconsciencia. Y algunas veces, si tienes mucha suerte, te transporta a donde te apetece estar. -devolvió la mirada a su rostro, al cigarro que colgaba de su boca, acariciando su longitud con el índice antes de atraparlo entre su índice y dedo medio, llevándolo a sus propios labios y dando una calada larga antes de devolvérselo- ¿Lo dejarías? Eso también te jode el cerebro, acabas tarándote y volándote la cabeza...

Su última frase cumplió su cometido e impactó en el cerebro de Johnny, que siempre había considerado tener su hábito bajo control.

- Me merezco acabar con un final ruidoso y sórdido, como broche a una carrera de éxitos, sombras y excesos. ¿No suena bien? -la sonrisa que acudió a sus labios murió tan rápido como llegó- Creo que lo llevo bien. Sí, es cierto que me refugio en la hierba cuando el agobio me supera, y los problemas se diluyen como el humo... pero al despertar siguen ahí. Iguales o peores. Y tengo más válvulas de escape. Prefiero fumar como placer, consigue despertar cada sensación, cada poro... la mente se abre, es más fácil dar salida a todas las ideas, componer... -dio otra calada, ofreciéndole con la mirada y con la boquilla inclinada hacia ella- Cuando el vicio empiece a resultarme una cadena y no una elección supongo que lo dejaré.

Parecía costarle más hablar del resto de su disertación, aunque se congratuló por haber dado en el grano al menos con una de sus razones. Se tocó los labios con las yemas de los dedos, como si aún le cosquilleara la cercanía, y la miró de una forma más profunda, como si estuviesen conectando, mientras ella movía la cabeza de lado a lado.

- He llegado a tener esa sensación fugazmente, una vez. Pero simplemente no me lo permito. Porque pienso que ahí fuera hay algo grande esperando a pasarme a mí, y nunca dejo de salir a buscarlo. Deberías hacer lo mismo. -chasqueó la lengua, dejando escapar otra bocanada para mirar sus piernas hasta sus botas- Eres interesante, y guapa, y no sé del todo qué te hicieron esos cabrones, pero deja de hacértelo a ti misma. Y de castigarte por ello. Hay otras formas de escaparse de la realidad un rato.

- Yo también lo llevo bien, Johnny, es sólo algo lúdico, sólo lo hago por placer, está bajo control, simplemente me relaja... me suenan todas, y también alguna más. No tienes ni un pelo de idiota, no te engañas, lo sabes. Pero te da igual anclarte a esa cadena porque sabes que no es, ni mucho menos, la peor a la que podrías agarrarte. -aceptó su ofrecimiento inclinándose hacia delante y rodeando la boquilla con los labios para aspirar, pero sin apartar los ojos de los suyos- Lo haces porque te produce placer y eres un jodido adicto al placer. No te hace más o menos creativo, sólo te desinhibe, te embrutece. -prosiguió tras exhalar el humo- Puedes llamarlo como te dé la gana, pero lo sabes. Te hace olvidarte de las cosas que no son como tú quieres. Da alivio por un rato. Cuando vienen jodidas, necesitas ese alivio con más frecuencia cada vez. Ya no es sólo alivio, es refugio. Tú mismo no estás capacitado para discernir cuando deja de ser elección. -volvió a echarse hacia atrás. A medida que hablaba, a pesar de que su lenguaje corporal era cordial, abierto, su voz adquiría un ligero matiz áspero, dolido, como si necesitara vengarse un poco de su puntería previa en un “ojo por ojo” o más bien “hurgada por hurgada”- Ahí fuera hay algo grande... -ahogó un resoplido al beber y el deje insidioso, casi sádico, de su tono se diluyó- Alguien me hizo prometerle hace años que nunca olvidaría que... -daba la sensación de repetir unas palabras que no eran suyas- Ahí fuera hay algo brillante esperándote. Es una jodida patraña, no hay nada brillante. Y si lo hay, no te espera, pero en realidad da igual porque tampoco sabrías verlo, porque has perdido la capacidad de ver realmente... -hizo un gesto con la mano como si empujara un pensamiento o tal vez un recuerdo, su embriaguez era más notable ya, en la forma en que divagaba, en como arrastraba las palabras y en sus movimientos- ¿Cabrones, dices? A mí los cabrones, Johnny, con ellos todo es fácil.

Johnny respiraba los jirones externos del humo que escapa de su boca al fumar. El discurso de Kira lo había ido dejando planchado, los hombros cada vez más alicaídos. El aspecto plácido de su cara, que estaba disfrutando del canuto, se fue apagando poco a poco, ante cada una de las verdades que ella le soltaba.

- No debí tocarte la fibra, ¿eh? -por unos momentos, su voz sonó como la de ella, más teñida de cinismo, menos él mismo- No te voy a quitar la razón, porque la tienes. Es cierto que casi todo lo que has dicho es cierto. Pero no todo. Realmente una pipa de relax te eleva, hace que todo se sienta multiplicado... si lo comparas con el embrutecimiento del alcohol es que no has pasado una noche de cáñamo y piel. Nada que ver, te lo aseguro.

Su gesto se fue animando paulatinamente, su mirada parecía cargada de nuevo de la pasión que solía poner en cada disertación, a pesar de seguir vidriosa por el petardo, al que da la última calada antes de apagarlo. Se apoyó en una mano y se apartó el pelo de la cara para mirarla, dando toquecitos suaves en su rodilla, enfatizando sus palabras al continuar.

- ¿Sabes la diferencia entre tú y yo? Que tú te empeñas en cerrarte cualquier otra salida. No tienes nada más cuando la basura que cargamos se hace pesada para una sola espalda. Yo... tengo mucho más, muchas más formas de volar, de abstraerme. Aparte de la maría tengo los ratos de sudor y compañía en la bodega. Y tengo mi curiosidad, siempre hambrienta. Tengo mis recuerdos, las mujeres que pude descubrir en más o menos grado, la historia que me dejaron. Tengo mis amistades, aunque estén lejos. Te tengo a ti, aquí y ahora, que me haces trasnochar cada noche y cambiar a cada conversación mis perspectivas. El estímulo que eso me produce, ¿crees que me lo da fumar? Es sólo el accesorio... -hablaba ahora de forma apasionada, envolviéndola con su voz rasgada- Y tengo la música. Mi música. Ninguna droga puede compararse a la sensación de cuando la guitarra habla por mí. Así que no voy a aceptar que lo simplifiques así. -una sonrisa genuina acudió a sus labios al clavar los ojos en los de Kira- El problema debe estar en tus ojos, porque yo veo cosas brillantes ahora mismo.

- Soy una zorra rencorosa, te lo dije, ¿no? ¿O era una zorra prepotente? -no parecía pedir disculpas por ello, sólo exponer el hecho y se veía claramente mareada por sus palabras, como si le costara seguir su disertación abstrayéndose de forma absurda en los suaves y rítmicos toques de la mano de Johnny contra su rodilla- Estoy demasiado borracha para explicarte por qué eso no es así ahora mismo, no... puede ser tan fácil, no puede ser una simple cuestión de que el brillo esté en los ojos de quien mira y por eso no... joder, no tiene sentido -se tendió sobre la espalda a medida que hablaba- Estímulos... son casi tan jodidos como los recuerdos, y cuando te das cuenta... -el final de la frase fue ininteligible ya, el alcohol le ganó la partida al igual que Johnny le había ganado el debate y era evidente en lo profundo y acompasado de su respiración que se ha quedado dormida sobre la arena.

- Lo está... lo está. Estoy seguro. -murmuró en voz muy baja, prácticamente para él, ya que Kira se había quedado dormida mientras hablaban. Se echó hacia atrás también, con un brazo doblado bajo la cabeza, sabiendo que cuando despertaran ambos lamentarían la siesta bajo el sol. La miró una última vez con los ojos entrecerrados, tarareando bajito, antes de rendirse él también a la calidez del sol que acariciaba su piel, al colocón, al vendaval de pensamientos, de preguntas que esa maldita rubia había desencadenado en su cabeza.

lunes, 15 de julio de 2013

FUE EN UN PUEBLO CON MAR VI: Recuerdos de adolescencia

"De puerto a puerto y tiro porque me lleva la corriente" No fue su voz la que musitó esas palabras que, en realidad, sólo sonaron dentro de su cabeza, en algún lugar remoto y poco frecuentado de su mente. Sonaban como el tintineo polvoriento de una campana lejana que llevaba tiempo sin tañer.
Hacía años que no pensaba en Kuroa y McNeil... bueno, no tanto al menos. Sí, se mentía descaradamente y se lo creía.

Había conocido a Iron McNeil y a Kuroa Jun en casa, en Ethea, siendo prácticamente una cría. Primero le había conocido a él, casi dos metros de pelirrojo cincelado en alabastro... o al menos algo así le pareció cuando se encontró con él, con sus ojos azules, con sus nudillos destrozados y su sonrisa de tiburón. Sobra decir que le llevó pocos días colgarse como la adolescente que era, aunque la mayor parte del tiempo Iron enarbolaba un gesto hosco a modo de medida disuasoria para cualquiera que tuviera la intención de acercársele... menos para aquella mujer de cabellos negros, ojos grises y apariencia delicada. Su primer recuerdo de Kuroa era en la taberna, ella había ayudado a su jefe con la decoración o la ebanistería o algo así, recordaba unos dedos pálidos, largos y delicados acariciando la madera como si ésta le hablara.
Le habían caído bien casi a primera vista y, sin querer, habían deslizado en su cabeza la errada idea de que probablemente el mundo estaba lleno de gente increíble por conocer. Como si hubiera mucha más gente como ellos...Publicidad engañosa. Era tan cría, tan...

Estaba en deuda con ellos, en cierto modo la habían ayudado a crecer, quizás simplemente al acompañarla en ese extraño viaje que es la pubertad. Recordaba más momentos, más conversaciones con McNeil que con Kuroa, no sabía a ciencia cierta si porque realmente hubo más, porque ellos dos eran más parecidos en algunos aspectos o por aquel cuelgue platónico. Segunda mentira. Se la tragó, como la anterior.


- ¿Cavernicola? ¿McNeil? Es una de las personas más increíbles que me he echado a la cara... -sacudía la cabeza genuinamente divertida por el epíteto, una sonrisa poco habitual en ella, impregnada de cierta ternura, tomó posesión de sus labios por un rato mientras los recuerdos se sucedían a toda velocidad en su cabeza, probablemente con esa pátina dorada que suele darles la distancia- Él me enseñó a meterme en líos. ¿Adivinas quién se cobró la melena de trenzaslargas? -no pudo evitar que su sonrisa adquiriera el matiz de la nostalgia al recordar aquel trato, hasta que un ceño, como una sombra de algún recuerdo menos amable, coronó sus ojos castaños por un momento. Se pasó la mano por la cara, exhalando sonoramente- Joder, hace tanto tiempo ya...

- ¿Iron? -la miró con una sonrisa ladeada- Increíblemente grande, sí. Y no me cabe duda de que con una increíble tendencia a los líos, tuviste un buen maestro. -su carcajada fue seca- Si me hubiese acercado a Kuroa un poco más, hoy tocaría la guitarra con mis lindos muñones, según él. No me quedé a comprobarlo. Pero no creo que hubiese funcionado aún así, se huele que ella está loca por él, no soltaría por nada del mundo sus cadenas.

La miraba de soslayo mientras se palpaba los bolsillos buscando el librillo y la maría, pareciendo apreciar el cambio en su cara al hablar de McNeil y bajando la vista un momento a su propio pecho y tripa enjutos, flacos, a sus pies descalzos sobre la arena. Kira parecía estar a años luz, las manos apoyadas a su espalda, dejando reposar en ellas el peso de su cuerpo y la cabeza hacia atrás, dejando que el atardecer besara su rostro.

- No me dio la impresión de que vivieran allí, creo que iban en un barco y estaban allí una temporada, como yo. Cuando me marché aún estaban...

- Con Kur he tenido menos relación, o tal vez simplemente la recuerdo menos, -prosiguió, pareciendo casi pensar en voz alta, aún introspectiva, casi ajena a la cómoda compañía de Johnny- ya sabes que no soy muy amiga del lirismo, aunque me escribió algo muy bonito una vez, una especie de poema de esos que se hacen con las iniciales -el gesto de su mano dejaba claro que no entendía de lírica y probablemente tampoco de prosa y, aún así, la mención al acróstico parecía evocar en ella cierta ternura, un aire casi cándido- Ya la conoces, es una artista multidisciplinar. Dioses... me gustaría saber qué ha sido de ellos.

Sacudió la cabeza, como alejando de sí los recuerdos que dulcificaban su expresión, abrumada por ellos. Se sentó derecha, sacudiéndose la arena de las manos y jugueteando con el anillo de oro de su dedo medio, volviéndose hacia Johnny con una sonrisa lenta.

- De paso, ¿eh? Las personas que merecen la pena siempre lo están.

La mirada de Johnny había ido del rostro de Kira a sus manos, fija ahora en el aro dorado mientras improvisaba una boquilla con un pedacito de cartón.

- Tú... ¿Tuviste algún compromiso... tienes? -alzó las cejas, más sorprendido que escandalizado, buscando de nuevo sus ojos- ¿¿Él??

- ¿Compromiso? ¿Te refieres a...? -acariciaba de nuevo la superficie pulida y brillante; Johnny parecía divertido al verla negar enérgicamente con la cabeza- No, no, si que es en parte un compromiso, supongo, pero no es nada de lo que estás pensando. Es... una promesa. Le dí mi palabra de no olvidar algo que últimamente he desatendido bastante. Trenzaslargas estaba loca por él, sí, ya te dije que era una estúpida. -alzó un hombro en un gesto desapasionado tras la confesión gratuita- Cosas de niñatas, ya sabes, el típico rollo platónico con un treintañero interesante.

Strike tres y bateador eliminado. Y Kira ni siquiera parecía haberse dado cuenta.

Realmente no era una mentira, había sido un tonteo platónico que no había pasado a mayores y probablemente nunca lo habría hecho, no podía imaginarse a ninguno de los dos dando el paso: Iron estaba totalmente loco por Kuroa y Kira no era lo bastante cínica como para haberse enredado en algo así y hacer el papel de la zorra farisea. Pero a ambos les gustaba jugar a soplar la llama, verla crepitar y apartar los dedos antes de quemarse. Puede que fuera una niñata y bastante ingenua aún, pero no era del todo ajena a las reacciones del cuerpo de McNeil ante la proximidad del suyo y, desde luego, conocía de sobra las que él le provocaba a ella.

El flirteo había surgido poco a poco, de forma natural. Al principio ella se turbaba cada vez que él le daba un repaso visual y eso la cabreaba... probablemente era eso lo que le hacía mirarla realmente, parecía divertirle la mezcla del rubor de sus mejillas con esa mirada ceñuda unida a su "Que te jodan, McNeil". Luego vino lo de parapetarse tras puertas cerradas con llave para hacer cosas que, en realidad, eran totalmente inocentes. Las clases de baile a escondidas, para darle una sorpresa a Kuroa con algo tan impropio de él, un poco más de contacto físico del estrictamente necesario, unas caricias distraídas en su nuca mientras le obligaba a contar los pasos en voz alta, los labios de él rozando su lóbulo o su aliento sobre la vulnerable piel de su cuello tres segundos más de lo que era indispensable cuando se inclinaba hacia ella para comentarle algo al oído. La desarmaba cuando hacía eso... y eso reventaba a Kira, que iba aprendiendo a odiar la sensación de pérdida de control, para mayor divertimento de Iron.
Alguna vez se preguntó qué habría pasado si uno de los dos hubiera apretado en serio.

Tonteos aparte, le guardaba un cariño sincero. Ambos parecían tener similares fobias, similares sueños, aunque los de Kira aún poseían la ingenuidad de quien, por edad, no ha visto sus planes empañados por eso que llaman vida.



- Me hubiera gustado conocer a Trenzaslargas. -comentaba disimulando el interés sobre esa promesa- Hacía tiempo que algo no me despertaba así la curiosidad. De hecho... -se retorcía la barba, mirándola con cierta retranca- Me gustaría encontrarla y desempolvarla -o empolvarla- Estoy seguro de que aún tiene que andar por ahí dentro... -su mirada parecía perdida en uno de los cuadros de la camisa de Kira- Y ahora es cuando aparto la vista y tú me dices eso de que tú y yo, y los tipos que no son tu tipo...

- Trenzaslargas no merece tu curiosidad, créeme, no recuerdo que tuviera gran cosa de especial.

Atajó su frase, rápida. Sus ojos dejaban entrever la sonrisa que no llegaba a curvar sus labios y que obtuvo un resoplido y una sonrisa canalla de Johnny.

- Si tengo que desarrollar músculos hasta en las circunvalaciones del cerebro para ser tu tipo, creo que -fingía una voz grave y torcía la boca imitando la voz profunda de Iron- muñeca, tendrás ese cadillac antes de que podamos tener nada. No te lo tomes como algo personal.

A su pesar, el gesto ofendido ante la mala caricatura no lograba ser muy creíble y esa insinuación de sonrisa parecía a punto de arruinarlo totalmente de un momento a otro, mientras Johnny se daba un par de golpecitos en el pecho con el puño cerrado, apuntándola con el índice y guiñándole un ojo después.


- He estado hablando con el tío del concesionario y creo que al final habrá trato.

La alusión al cadillac pareció retrotraer a Kira al presente y acabó soltándole una perorata sobre presupuestos y piezas a un Johhny medio colocado que aguantaba, paciente, el chaparrón de datos.


Cuando se despidieron, hacía ya un buen rato que la luna estaba alta en el cielo y las luces de algunos barcos ribeteaban la costa como una especie de guirnalda titilante. Kira se sacudía la arena de la trasera de sus vaqueros antes de ayudar a Johnny a levantarse, entre risas, despreocupados. Ni siquiera era consciente de que ese día no había bebido desde que salió de trabajar, de que si bien seguía siendo la misma "zorra pedante" en que se había convertido, esa tarde su cinismo y su hosquedad habían bajado tres enteros por lo menos... al menos temporalmente.


- Eres una jodida caja de sorpresas, Kira, cada incógnita que despejo sobre ti me genera diez nuevas preguntas...


Por un momento, pareció que Johnny iría a despedirse con un beso. Por un momento, pareció que Kira no se habría apartado.

domingo, 14 de julio de 2013

FUE EN UN PUEBLO CON MAR V: Retrospectiva en burdeos


El tipo del concesionario le había dado el presupuesto definitivo; según sus cálculos se iba a pasar dos vidas y media pagando el coche... pero tampoco es como si tuviese mucho más que hacer. Aún era lo bastante ingenua como para pensar que las cosas mejorarían poniendo distancia física entre ella y... todo lo demás. "Un día conocerás a un capullo, a un capullo con suerte y te arrepentirás de que ese cacharro no tenga asiento trasero".

- Que te jodan, McNeil – murmuró al fantasma de un recuerdo en lo que parecía una respuesta automática. A pesar de sus palabras, a pesar de sí misma, sus labios se habían curvado en una sonrisa soñolienta.


Se quedó dormida haciendo números, inusualmente sobria. Y pagó las consecuencias.
Hacía tiempo que no soñaba con Jansen, pero esa noche los recuerdos habían decidido ir a morderle el culo.
Soñó con cómo despertó en aquel camarote, con la madre de todas las resacas y hecha una hidra, amenazando con patearle el culo a aquel titán de pelo castaño si no la devolvía al pantano inmediatamente, como si él no pudiera tumbarla de un manotazo. No lo hizo. Revisó la herida de su muslo, la curó, prácticamente la obligó a desayunar pannenkoeken con miel y la folló como un animal hasta que el sol volvió a caer. Cuando despertaron volvieron a discutir y vuelta a empezar. Desayunar pannenkoeken en cubierta se convirtió en un hábito; follar hasta caer exhaustos también.
Los siguientes meses fueron una auténtica locura; Ruud Jansen estaba tarado y prácticamente cada vez que pisaban tierra, Kira era lo único que se interponía entre él y la cárcel, pero la mayoría de las veces no era un mal tío y solía tratarse de cosas como cuando se empeñó en robar aquel coche, sólo para dar una vuelta y dejarlo luego de nuevo en frente del puerto con el depósito lleno y una nota de disculpa. Jansen veía el mundo a través de un prisma diferente al de cualquier otra persona que hubiera conocido, de algún modo, no podía dejarle solo o acabaría metido hasta el cuello en problemas.

- You know I'd have never done it, right?1 –le había espetado una mañana– Release you –aclaró a una Kira que le miraba desconcertada por encima de una taza de té, parapetada detrás de un fardo de cartas náuticas.

Esa misma noche él le había dicho que la quería y a Kira le había entrado pánico. Soñó con la bronca que tuvieron mientras hacía el equipaje. La cosa acabó mal, Ruud solía ponerse gilipollas siempre que Kira parecía a punto de desaparecer y ella... bueno, ella era una auténtica artista en eso de ponerse gilipollas. Pero esa noche él se llevó la palma; un par de horas más tarde, con la polla de Ruud en la boca y el cañón de su Walther PPS en la sien, Kira se daba cuenta de que realmente muchas cosas le importaban un carajo, entre ellas ver el siguiente amanecer o acabar con un agujero de nueve milímetros de diámetro en la cabeza.
Al día siguiente le pidió que se casara con él. Tal vez fue la negativa de Kira lo que terminó de mandar al cuerno la cordura de Ruud, o tal vez lo suyo era una inevitabilidad dramática.

Soñó con la sensación pegajosa de algo cálido y viscoso bajo su mejilla, con los sesos de Ruud esparcidos por la pared de caoba, con su propia sangre haciendo un charco bajo sus cuerpos, con la casi dulce sensación de estar a punto de dormirse, de ser incapaz de mantener los ojos abiertos, con la voz asustada de Roel. "Bloed, bloed, bloed..."2 sonaba tan lejano... Quiso gritarle que se callara, que la dejara dormir. Se despertó un par de días después, con una herida que serpenteaba por la cara interna de su antebrazo desde el codo a la muñeca: el último regalo de Ruud antes de largarse de este mundo.




Se levantó de un humor que habría hecho que el mismo diablo cruzara de acera al encontrársela de frente y aún le llevó buena parte de la mañana y unos cuantos tragos relajarse. Antuán contribuyó en parte a ello; trabajaba realmente cómoda con él, normalmente no le daba cháchara innecesaria y se entendían bien con un par de miradas. Además, su taller era sencillamente maravilloso, no podía imaginar ninguna herramienta o aparejo que no estuviera allí, a su disposición. En ocasiones le daban ganas casi de abrazarle. Casi.

El sol empezaba a decaer cuando, tras una ducha rápida, salió engullendo un emparedado tratando de evitar al tarado de las flores y a los hippies de las palomas, no quería que se le volviera a cruzar el día. Poco imaginaba cómo Johnny acabaría aclarándoselo al hurgar, de forma inesperada esta vez, en la caja de sus recuerdos.

- Kuroa... La conocí en Puerto Umbrío, hace justo cinco años. Venía con su cavernícola, y tenía una magia especial que... jamás entendí qué hacía con él. -sonreía con tono afable, sin acritud- Hablamos bastante, y tuvimos la eterna dicotomía libertad o cadenas... a ellos les iban las cadenas, una verdadera lástima. Es probablemente la persona más sensible y perceptiva, que he conocido. Y me quedé con ganas de oír una de sus canciones, al menos. Algún día... Escribía poesía. Uno de mis temas está basado en unos versos suyos. -sacudió la cabeza en un gesto de disculpa- Nada de hablarte de música, me olvidaba. -le dedicó una mirada fija, intrigada- ¿Y tú, de qué la conoces?



1 Sabes que nunca lo habría hecho, ¿verdad? Soltarte.
2 Sangre, sangre, sangre...

miércoles, 3 de julio de 2013

FUE EN UN PUEBLO CON MAR IV: La pieza rota


Había algo de mágico en el cálido ocaso junto a la orilla; la luz anaranjada le daba una pátina de irrealidad a la escena, invitando a la intimidad. También invitaba a beber. Últimamente cualquier excusa era buena.

Kira le habló de cuando era una cría, en Ethea, soslayando un par de temas escabrosos, esquivando algunos de los recuerdos que estaban demasiado impregnados de Él, centrándose en su innata facilidad para meterse en problemas... No era catársis, era entretenimiento, la sensación, nueva para ella, de hablar con alguien que parecía querer beberse sus palabras. Por un momento, Johnny pareció poseído por un impulso tonto de besarla, deteniéndose casi antes de empezar el movimiento e inclinándose ligeramente hacia atrás. - Joder... procura que, si te metes en líos, sean bien gordos. Eres demasiado buena contando historias. -Se pasó la mano por el pelo hacia atrás y resopló, sacando su bolsita y un papel, sonriéndole de reojo. Unos dedos hábiles liaron un cigarro con rapidez y en apenas un par de minutos ambos disfrutaban de la puesta de sol, del humo, de la mutua compañía. Tiffany se acercó un momento a... realmente, nunca quedó claro a qué; era patente que parte de la magia se esfumó con su presencia, pero había cierto patetismo poético en su pequeño intento de marcar territorio, incluso Kira pareció conmoverse lo suficiente para mostrar algo de condescendencia a pesar de no comprender la reacción, estaba claro que no había nada entre Johnny y ella.

- Quiero pensar que si en esta tierra se dedicase un poco menos de tiempo a hacer la guerra y un poco más a hacer el amor, nos iría muy distinto... -retomó la conversación, atajando la previsible réplica de Kira alzando las dos manos con los ojos en blanco, sujetando en una aún el canuto con dos dedos, y el resto extendidos- Tal vez eso ha sonado más místico de lo que pretendía, me refería a algo tan mundano como follar un poco más. Creo que mis últimos problemas vinieron por algo de eso...
Johnny dió una calada lenta, paladeando la hierba, con una mirada algo introspectiva, perdida en el humo que lo rodeaba. - Perdona, no te he ofrecido... -añadió, con un punto divertido, girando la muñeca para apuntar la boquilla hacia Kira mientras sonreía distraídamente a una Tiffany que ya se alejaba, aparentemente incómoda, o poco interesada en la conversación, entrecerrando uno de los ojos al mirarla bajo el último rayo de sol antes de que éste se ocultase y devolviendo la vista a Kira. - ... maría – Remató la frase, socarrón.

- ¿Te refieres a que el que no folla, jode? Tal vez. Pero a veces hasta para echar un polvo nos complicamos tanto que ya pierde la gracia y el interés, supongo que soy de las que se aburren con facilidad. -Kira alzó ambas cejas y las comisuras de sus labios, insinuando una sonrisa- Si te metiste en problemas por eso, fue que intentaste tumbarte a quien supuestamente no debías... pero a veces eso sólo sirve para desearlo más... -sacudió la cabeza, rechazando su ofrecimiento con la mano extendida- No me apetece meterme en ESOS problemas, es aburrido. -se apoyó en las rodillas y se inclinó hacia delante, dando la sensación de retomar la conversación con cierta vehemencia- Animales, tío ¿Ves? En eso también nos llevan ventaja. O será que los años me han vuelto cínica. Joder, mataría por una copa de algo fuerte...

La maldita ansiedad la mataba de sed. O tal vez era pensar otras cosas que la habían matado de sed aún antes de tener ese problema. Estaba pagando un precio por haberse abierto a Johnny y ni siquiera era consciente de lo alto que éste estaba siendo.

- Creo que lo segundo más bien, aunque me cuesta imaginarte cándida y llena de ilusiones en algún momento. -Sonrió de lado, con ironía y sacudió la cabeza con un ligero encogimiento de hombros- No me tumbé a la persona equivocada, en ese caso... creo que la ausencia de vida de otras personas fue la que lo jodió todo. -resopló por la nariz, poniéndose en pie y tendiéndole la mano en un ofrecimiento refrendado por su mirada abierta, amistosa– Aún tengo en el barco algo de lo que despreciaste el otro día.



Jugaron un rato al anfitrión y la invitada, envueltos en esa cortesía a la que resulta cómodo aferrarse cuando uno no sabe qué decir, o cuando se siente súbitamente inseguro.
En rigor, no les costó demasiado retomar la cercanía tal y donde la habían dejado. La curiosidad de Kira venció su reserva y no pudo evitar curiosear alrededor mientras él servía un par de copas y le enseñaba el improvisado estudio. El tintineo del hielo en el vaso la hizo humedecerse los labios. La verdad es que el tío se lo tenía muy bien montado, no había grandes lujos, pero era acogedor y tenía todo lo necesario. No le pasó inadvertido que cerrara la puerta con llave; echó un vistazo desinteresado a través del ojo de buey. No iba a pasar nada del otro jueves entre ellos, se lo había dejado claro, pero no tenía humor para escenas de celos, así que no estaba de más asegurar.

- Hacía tiempo que no bebía ron, gracias. -se inclinó para dejar el vaso a un lado con sumo cuidado, como si se tratara de algo precioso y se dejó caer sin gracia sobre un mullido puff, inquiriendo entre dos tragos- No irás a ponerte a tocar y hablarme de besitos y vendrá la de las uñas largas a montar un espectáculo, ¿verdad? No quiero ser grosera, es por dejar las cartas boca arriba, no soy nada buena bregando con señoras celosas, tiendo a ponerme desagradable. Y de todas formas, no es como si fuera a pasar algo.

Johnny parecía divertido por la casi aspereza de Kira, su torpeza tal vez; se tocó el bolsillo trasero haciendo sonar un tintineo de llaves, y sonrió canalla dejándose caer a su lado en una postura no especialmente cuidada, liando otro canuto tras darle un trago al vaso - Huh... para mí esto es fuerte. Tranquila, el barco está cerrado, la experiencia lo espabila a uno. -levantó una mano- No pretendo tenderte una encerrona ni nada parecido. -la miró un momento al nudo de la camisa, subiendo la vista a sus ojos castaños con reluctancia- Cuando quieras dices: "Eh, las llaves" y te vas. Es sólo una forma de asegurar que uno se puede tomar una copa tranquilo. Tiff no es mala gente, sólo... a veces uno necesita su espacio. -resopló, divertido, algo colocado- Y tranquila, no voy a tocar nada que no quieras que toque.

- Te has encerrado con una casi desconocida cínica, poco sociable y que sabes que va armada... o eres legal o eres un jodido loco y tienes por ahí escondida un hacha más larga que yo y piensas abrirme en canal con ella. –con una media sonrisa, Kira estiró los brazos sobre su cabeza, arqueando la espalda para desperezarse con un gesto relajado– No me refería a que fueras a saltar sobre mí como un perro en celo, sólo quería dejarlo claro, por evitarnos un mal rollo.

Ambos parecían más relajados tras re-sentar las bases. Resulta curioso como, en ocasiones, permitir a otra persona entrar en nuestro espacio físico más íntimo puede hacernos mover esos límites... o darnos la sensación de que es el suelo el que se mueve bajo nosotros.

Johnny tenía la habilidad de crear un ambiente agradable y distendido en casi cualquier situación y era un tío con paciencia, lo demostraba constantemente, con Tiffany, con Elena, con Kira... simplemente era sociable, le gustaba la gente que por algún motivo le tocaba alguna fibra y era capaz de hacerles sentir cómodos. Tenía un genuino interés en escuchar la historia de cada uno, una curiosidad tan fresca, tan auténtica...

Charlaron durante rato sobre sus respectivas ciudades de procedencia, ambos renegados de su tierra natal. Estaba tan cómoda que ni siquiera se tensó cuando los dedos de Johnny recorrieron la ya desdibujada cicatriz de su muslo mientras le preguntaba cómo se la había hecho, incluso sonrió cuando él alabó la panorámica que le ofreció al estirar la pierna.

- Te aseguro que antes era mejor -volvió a estirar las piernas aludiendo claramente al momento de aquel accidente. Otro trago y su voz ya sonaba más pastosa- Itar... no lo conozco. Ethea no es mal sitio, lo peor que te puede pasar es que te aburras. Me ocupaba de la taberna allí, cocino de pena pero lo compensaba llevando poca ropa y mi jefe estaba empeñado en creerse que era una gran cocinera. Antes dijiste que no me imaginabas cándida y llena de ilusiones, ¿no? -o bien el alcohol le estaba pasando factura, o bien por el motivo que sea estaba más introspectiva que de costumbre- Supongo que entonces tampoco me imaginarás siendo una niñata con dos trenzas larguísimas que se afanaba en intentar cocinar algo que no tuviera la consistencia y el sabor del engrudo y que, muy a su pesar, se cohibía cada vez que un gilipollas deslizaba la mirada por sus costados. -se encogió de hombros en un gesto casi de disculpa, aunque no quedaba claro si se disculpaba con Johnny, que le ofrecía una sonrisa divertida, casi incrédula, consigo misma o con esa Kira adolescente que describía- Una niñata que se pensaba que el mundo estaba lleno de gente interesante, de aventuras que correr, de sueños que descubrir que ya no te satisfacían cuando los cumplías... -ocultó un gesto casi de hastío en el vaso- Llevo unos cuantos años fuera, nunca había pasado tanto tiempo fuera de casa y supongo que debería volver a no mucho tardar para saludar al jefe, si la arpía por la que se dejó obligar a jugar a los papás y mamás no le ha matado ya para heredarlo todo.

Ya estaba, la puerta estaba empezando a cerrarse de nuevo.

- Joder, no, jamás lo creería si no fuera porque empiezo a pensar que no bromeas nunca... -el devenir del discurso había ido cambiando su sonrisa inicial a un gesto más grave, de quien está arreglando el mundo sabiendo que es en vano- El mundo está lleno de gente interesante, pero... hay que buscarla. A veces lo interesante está escondido, o se encuentra en quien menos lo esperarías... pero no eres lo bastante amargada ni lo bastante vieja para que eso salga de tu boca. Vamos. Hay aventuras ahí fuera. Yo he conocido a gente increíble que ha hecho que mi historia sea más rica. No puedes decir ¡el mundo es una mierda! y agarrarte al cinismo. -sonaba apasionado, vehemente, tal vez por el colocón- Hay mucho más ahí fuera, tanto que vivir... -sacudió la cabeza y la miró, de nuevo reprimiendo un instinto kamikaze de besarla- Si sólo pudiera transmitirte mis ganas de vivir...

- El cinismo no es algo tan malo tras lo que parapetarse cuando en esencia eres poco sociable. -o estaba demasiado embrutecida por el alcohol o simplemente no captaba las ganas de besarla en la mirada de Johnny- Habrás conocido más gente que yo, es cuestión de estadística que hayas conocido a más gente interesante. Creo que eres la primera persona en mucho con la que no me importa hablar. -le miró divertida- Ganas de vivir... ¿Crees que si no las tuviera estaría aquí currando como una cabrona para comprarle un coche a ese petimetre del taller? Me lo debo. Se lo debo a la rubia de las trenzas. No puedo evitar tener la sensación de decepción, de ¿Y esto es todo? Pero todavía no estoy preparada para el gran chasco final. -chasqueó la lengua, moviendo la cabeza de lado a lado- No soy de las que acaban así, si lo fuera ya lo habría hecho. Simplemente algún día abriré la bocaza delante de quien no debo o me meteré en un lío del que no sabré salir.

- Un final a lo grande, ¿eh? -sonrió tras el vaso.

- O tal vez sólo sucio y ruidoso. Por algún motivo siempre pensé que mi final sería así.

- Envidio tu capacidad de desafiar al dolor. -estaba claramente colocado, recorriendo de nuevo la cicatriz del muslo de Kira- ¿Un coche? ¿Ese es el sueño de la rubia trenzaslargas? -parecía enternecido de alguna forma, y eso se reflejaba en su gesto al mirarla mientras ella perdía la mirada en las vetas de la madera del techo.

- Era su sueño confesable, al menos, un cadillac. ¿No te dije que la rubia tampoco era muy lista?

Se había convertido en un experto en captar el "no preguntes", en identificar el sonido de los goznes cuando ella estaba a punto de cerrar la puerta. Le dio tregua antes de que eso sucediera.

- No te creas que he conocido a mucha gente. Pero me gusta conocer a muchos tipos de gente, procuro no cerrarme en banda, aunque algunas veces ya sabes quién es más afín al primer vistazo... -dio una calada larga y apagó el porro, expulsando una densa nube de humo que su voz deshilachó al hablar. Como si la larga inspiración le hubiera dado valor, volvió a tocar su piel, en ese caso la del antebrazo, recorriendo la larga y fea cicatriz y dirigiendo después la mano a su vientre al no encontrar impedimento, al nudo de su camisa, deshaciéndolo lentamente con unos dedos hábiles- Ya te comenté que me gusta raspar bajo la superficie.

- El dolor... realmente sólo está en el coco, en según qué situaciones puedo ser lo bastante tozuda como para obviarlo. -bajó la vista a su mano, pero no se movió mientras él soltaba el nudo de la camisa, fijando la mirada en sus dedos para subirla luego a su cara, buscando sus ojos- No vamos a follar, Johnny, y lo sabías de antemano. Ni eres mi tipo ni soy el tuyo, o tal vez no sea la situación.

No parecía incómoda ni comprometida; alargó la mano y vació el vaso sin dar la sensación de paladear el ron, como si simplemente lo necesitara desesperadamente.

- Odiaré pensar en ti de vez en cuando por eso. -aún no retiraba la mano, como si de alguna forma el nudo de la camisa ocultase la piel sobre su ombligo y realmente quisiera ver, acariciar con la vista y luego con los dedos aquella fracción que antes le era oculta- Y me gustará desear verte otra vez, algún día, quizá a bordo de un cadillac, y que no te difumines con facilidad de mis recuerdos, de toda la bruma y los retazos que llenan, desordenados, esta cabeza...

Hablaba despacio. Su voz se deslizaba rasgada, íntima, acariciando su piel casi del mismo modo que sus dedos. Kira cerró los ojos al sentir el calor de su mano sobre el vientre y esbozó una sonrisa casi a regañadientes.

- Jodidos poetas... no intentes buscar a trenzaslargas, está castigada y no va a salir. Deberías conocer a Kuroa, ella sí entiende de poesía. -apartó de sí el vaso y se puso en pie- Demasiada intimidad como para un polvo, ¿no? Pero también fue intenso. -movió la mano de arriba a abajo en un gesto torpe mientras subía la escalerilla, dándole la espalda- O seguramente es que estoy demasiado borracha.

Sacudió la cabeza, trotando escaleras arriba tras ella para abrir, más despejado a pesar del colocón. Era efímero, pero no podía evitar querer más. Tal vez precisamente por su calidad de perecedero.
Le dio una sonrisa lenta aunque cansada y apoyó una mano en la parte baja de su espalda, en esa franja de piel que quedaba descubierta entre la camisa y sus vaqueros cortos. Tal vez harto de resistir la tentación, se inclinó para darle un beso; un beso cálido, sencillo, como el de quien da las buenas noches.
Al sentir el contacto de sus labios, el dulce aroma del licor aún en ellos, Kira apoyó la mano en el pecho de Johnny, sin dejar claro si el gesto era una caricia o una barrera. No parecía sorprendida y casi sonreía. Sus labios rozaron la rasposa línea de su mandíbula al adelantarse ella buscando su oído para susurrar con voz suave, amigable

Si le cuentas a alguien lo de las trenzas, te arranco las gónadas y me las meriendo.

Una mano bronceada bajó por el pecho de Johnny, probablemente en un intento para no apilancar, pues ya no caminaba tan derecha como antes. Tras descender por la pasarela y con la luna dándole un brillo casi irreal a sus contornos, alzó la mano a modo de despedida, sin volverse para mirarle, sin detener el sonido de sus botas sobre las maderas del pantalán.