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...Y me había prometido no volver a escribir, pero lo necesito para mantener la cordura que pueda quedarme, para recordarme que estoy viva, que puedo hacer algo además de dormir.
Recuerdos... tanto tiempo anhelándolos y ahora daría casi cualquier cosa por no haber recuperado aquello. No sé cómo manejar esa información, no sé cómo... Es jodidamente confuso deberle la vida a alguien que de pronto te inspira...miedo; es jodidamente desconcertante tener al mismo tiempo en la cabeza el recuerdo de ese momento junto al recuerdo de los días y días de cuidados, de preocupación por mí; es jodidamente turbador sentir gratitud, sincero cariño, probablemente bastante más, hacia quien en un momento dado te despojó de lo más elemental que puede tener una persona: la dignidad. Y es jodidamente enfermizo no poder más que mostrarme de acuerdo con él en que fue algo necesario.
No puedo admitirlo, ni siquiera soy capaz de reconocer ante mí misma la mayor parte del t
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¿Es una retorcida y mórbida forma de autodestrucción?
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Músculos entumecidos, letargo, abulia... cada vez cuesta más trabajo despertar, cada vez me apetece más dejarme arrastrar por ese sueño pesado sin sueños. Así que estoy haciendo lo único que puedo hacer: un esfuerzo por levantarme, siquiera un rato cada día.
Tengo la sensación de que Flaco está en las mismas, tras varios días de sueño mutuo casi pareciera que forzamos la conversación. ¿Antes era más fácil porque yo no sabía nada o es simplemente este maldito sopor que nos vuelve torpes?
Los escasos ratos en los que Rob está despierto, casi hay que arrancarle las palabras. Le veo diferente desde lo de aquella mujer, aunque no me parece del tipo que lamenta llevar a la espalda una muerte que considera justificada. He desistido en mis intentos de aproximarme a él de una forma cordial. Me rindo.
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En ocasiones es inevitable sentirse un poco como el funambulista que trata de no mirar abajo. Equilibrio. Y utilizo las letras como contrapeso. Y, en ocasiones, creo que me he habituado a utilizarle como contrapeso a él.
Equilibrio. Es ahí donde radica el secreto de todo cuanto tiene sentido, conseguir el delicado y precario equilibrio entre lo que se olvida y lo que se conserva.
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Creo que fue el hambre lo que me despertó anoche. Creí oír en sueños la voz de Flaco ofreciéndonos comida, pero debió de ser verdad. Últimamente me cuesta más despertar, despertar de verdad, el paso de estar dormida a estar totalmente despierta. Es un momento extraño en el que todo parece un poco más irreal y en el aire parece flotar una sensación, casi la promesa, de que absolutamente cualquier cosa puede suceder.
Me cuesta más centrarme... ¿Realmente pensaba que simplemente recordando se solucionaría todo?
Sé la respuesta, aunque me disgusta reconocerme tan ingenua, tan inocente.
Inocente... supongo que no es la palabra más adecuada.
Anoche deseé por un momento que estuviéramos aún perdidos en el camino. Me pregunto si es consciente de lo que me hace sentir cuando me mira de ese modo, de lo que desencadena cuando sus movimientos, sus palabras, me hacen súbitamente ser consciente de... no sé como explicarlo ¿su virilidad? Es algo más que su cuerpo. Es... mucho más que su cuerpo. Jamás me ha pasado con Rob y, objetivamente, no está mal.
El camino... a veces tengo la sensación de que todo pasa en el camino, como si el tiempo entre viajes fuera un mero trámite, un coger fuerzas para lo que realmente es vivir. En los caminos me he perdido, me he encontrado, he roto con la maldita sensación de impasse, he sentido el mayor de los miedos, el mayor de los placeres... Y eso me hace pensar en las ganas de huir de Augustópolis ¿a dónde? ¿de qué? Mil preguntas y sólo una respuesta. Una que aún me cuesta admitir.
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Estamos terminando aquí al fin, haciendo preparativos para volver y eso me hace sentirme absurdamente animada. No comprendo por qué Rob está tan apático, realmente él debería ser, de los tres, el que más ganas tuviera de volver a casa.
No sólo no sé llegar a él sino que no tengo ni la más mínima idea de qué pensamientos pueden cruzar su mente. Aparentemente, sólo Flaco y yo compartimos una cierta excitación respecto a largarnos cuanto antes; se le nota, como si un cierto hormigueo fuera casi palpable en sus movimientos, anticipación o tal vez sólo sea impaciencia. Me gusta tratar de leer en su cuerpo cuando no es consciente de que le observo, creo que no tiene ni idea de lo elocuente que puede resultar a pesar de su hermetismo habitual.
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El día que logre entender qué coño pasa por su cabeza, qué coño pasa por la mía... Es enfermizo ¿soy una jodida enferma, me está convirtiendo en una enferma o lo fui desde siempre? Y en realidad ¿Qué coño más da? Es probablemente lo que menos me preocupa ahora.
Llevaba un rato tratando de refrenarme cuando de pronto le sentí tocándome con avidez, con algo más que rudeza, casi con rabia,... la presión contra el suelo y mis malditas ganas de rogarle que no parase. No lo entiendo, joder, no tiene sentido; lo recordaba todo, todo. En cuanto sentí su peso sobre mi espalda, en un parpadeo hasta los detalles más insignificantes estaban ahí: el sonido del viento en la arboleda, su respiración, el ruido de nuestros cuerpos, el tacto de su piel, la sensación de los guijarros arañando mi mejilla, su voz instándome a suplicarle por mi vida... todo. Y aún así su mano seguía convirtiendo mi cuerpo en agua. ¿Estoy rematadamente loca? Ni siquiera es sólo sexo, no es sólo desearse, es algo retorcido, extraño... es casi una necesidad imperiosa de sentirle... es... dioses.
Supongo que acaba de ser un ejercicio de contención lo de largarse súbitamente y perderse en el camino. Desde luego para mí lo está siendo no echar a correr detrás de él, no empujarle a convertirse en ese animal en el que no se quiere convertir, no reconocer que ESA mirada me mata de sed. Le deseo tanto que a veces me quema, pero no es sólo es eso, es algo que está más allá del deseo, tal vez más allá de la locura, quizás en un oscuro e impreciso punto intermedio entre ambos.
¿Es algo parecido a eso lo que siente la cebra cuando el leopardo desgarra su vientre, cuando se alimenta de sus vísceras aún palpitantes? Es una especie de... abandono, de alivio. Me faltan palabras. Y ahora mismo me falta también su piel. Y además de sedienta, estoy furiosa, con él, conmigo, con ellos, tal vez con el mundo.
Me siento no sólo en deuda, sino culpable. Él mismo ha reconocido que está harto de pensar y... no sé cómo estaban las cosas antes, pero tengo claro que desde que aparecí allí, totalmente desorientada, desnuda y perdida, no he hecho más que complicarle la vida. Y realmente tengo la necesidad de darle un momento incuestionablemente bueno aunque sea fugaz. Hasta ahora no le he dado más que mi memoria, y ya la he recuperado.
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Anoche estaba demasiado histérica para tomarme un rato para reflexionar sobre el tema de Rob. Ayer cayó de pronto, sin palabras, sin heridas... Ha sido un poco desconcertante. Tardé unos cuantos minutos en reaccionar y acercarme a comprobar si tenía pulso, si respiraba ¿Habría cambiado algo si no me hubiera quedado paralizada? Probablemente no, pero...
Me causa cierta tristeza, pero es una tristeza sesgada por una sensación de... alivio, él lo describió de una forma perfecta cuando dijo que era la primera noche que no sentía el ojo de la secta sobre él.
Mientras recogía algunos de sus papeles y las llaves, no podía parar de pensar, maldita zorra egoísta, que probablemente nos acusaran de habérnoslo cargado, a pesar de lo ridículo de la idea. Al punto me recriminé por tener la mente tan sucia como un pozo de brea, pero él también lo pensó. Y también pensamos lo mismo al deslizar los dedos por esa llave... No vamos a hacerlo, es cierto que compensa más hacer las cosas de forma legal, si nos dejan, pero me gusta jugar con esa idea, acariciarla y el compartir con una mirada esa posibilidad, sin aludirla directamente, estimuló mi imaginación hasta límites que tal vez luego nos llevaron a lo que nos llevaron. Y por otra parte, no tengo muy claro que nos vayan a permitir hacer las cosas bien.
En realidad lo de Rob sólo confirma mi idea de que no tiene sentido hacer planes a largo plazo.
Espero que, al menos, haya sido relativamente feliz, yo me quedo con el recuerdo del tío alto de ojos grises y sonrisa fácil que se asomó a un camino para tratar de mediar entre una tarada orgullosa en plena crisis de ansiedad y el resto del mundo.



