viernes, 28 de junio de 2013

FUE EN UN PUEBLO CON MAR III: COSAS QUE BRILLAN



- Alguien me dijo una vez que soy del tipo de personas que ganan hasta cuando se hacen a sí mismas trampas para perder. -la sonrisa que le ofrecía a Johnny tenía algo de asunción en ella, parecía, de algún modo, darle la razón mientras hurgaba en el bolsillo de sus vaqueros- Me preguntó qué coño es lo que gané. -la última frase, apenas audible, no parecía ir dirigida a él, ni siquiera a ella misma... tal vez a algún punto de su pasado, a algún recuerdo, a algún fantasma. Cuando sacó la mano del bolsillo había una fina banda de oro rodeando su dedo corazón.

La presencia de Johnny había supuesto una ruptura en la rutina de Kira, era raro el día en que no "se dejaba" acompañar. Le reventaba admitir que había días en los que incluso buscaba su compañía. El ambiente en el pueblo estaba empezando a ser asfixiante, le ponía los pelos de punta todo ese rollo de paz, amor y sonrisas tirantes, forzadas ¿no se daban cuenta de lo jodidamente terrorífico que resultaba? Johnny parecía el único ser humano normal, de algún modo era como si fuera la única persona real en Puerto Albía y el resto... no sabía explicarlo, algo andaba mal, pero no sabía explicarlo. Precisamente esa realidad rotunda, casi palpable de Johnny la salvó un par de veces de meterse en problemas con una de las hippies de la secta de las palomas; más bien, la salvó a ella de comerse la bota de Kira, que no parecía valorar los esfuerzos ajenos por asegurarle la salvación en la vida eterna. Ah, ¿pero que había otra después? Como si esta fuera ya poco jodida.


Johhny no viajaba sólo, pero Kira nunca lograba recordar el nombre de la mujer que le acompañaba: Tiffany, o Kimberly, o Brittany, o algún nombre por el estilo; algo que en su cabeza aparecía escrito con purpurina y unos redondeados y casi obscenos corazones en lugar de puntos sobre las íes. Supo que... llamémosla Tiffany le iba a poner mala cara desde el momento en el que Johnny fijó los ojos en sus piernas. Y eso que el tío iba de frente, le había dejado claro que no quería ningún tipo de ataduras, que no quería jugar a los papás y que no buscaba una pareja. Ella le decía que sí, que le parecía bien y luego montaba el numerito, de ser posible en público, cada vez que alguna mujer se cruzaba en el camino de Johnny. O en su cama. Algunas noches, si uno paseaba por el puerto deportivo, podía oír claramente los gritos y reproches provenientes del catamarán.

Tiffany no era una mujer fea, podría incluso ser guapa si no se empeñara en vestir como si tuviera la mitad de su edad. Probablemente veinte o veinticinco años atrás fue la reina del baile de algún pueblucho de mala muerte, o la dama del festival de la calabaza, o la princesa de algún producto lácteo local. Posiblemente algún tipo la había preñado tras una de esas celebraciones en la trasera del coche, quizás un primo, a juzgar por los problemas que parecía tener la cría que arrastraba a cualquier lugar, sin importar si era adecuado para una niña o no. La paciencia y ternura con la que Johhny trataba a la niña era conmovedora, o lo habría sido para cualquiera que no fuese Kira. En más de una ocasión la había salvado de la negligencia de su propia madre, que parecía tan carente de sentido común como de cualquier otro interés que no fuera idear alguna nueva forma de chantaje emocional.


Era a pesar de Tiffany que los encuentros de Johnny y Kira después del trabajo pasaron a ser una rutina a la que ninguno de ellos deseaba renunciar. Al caer la tarde, era habitual verles en el acantilado, cuando no se conformaban con "acampar" en el aparcamiento, sentados sobre el maletero del coche de Kira. Johhny parecía decidido a desnudarla, a dinamitar todas sus murallas y ahondar debajo de las capas de cinismo, reserva y frialdad.


- ¿Siempre fuiste así o te empeñas en que nadie se te acerque? He conocido a gente así, y la experiencia me ha demostrado que rascando un poco la superficie aparece lo mejor. -Kira estaba demasiado absorta en las olas que lamían las rocas cercanas como para percatarse de la caricia de los ojos de Johnny sobre sus piernas- Y no me importaría rascar esa superficie, no señor...

- Soy una zorra pedante -respondía sin atisbo de disculpa en su voz,con la naturalidad del que expone un hecho- que a pesar de saberse una perderdora tiende a creerse mejor que la mayoría de la gente. No, no siempre fuí así, supongo, pero ya no recuerdo cuando era de otra forma. Simplemente me cuesta encontrar gente que... me merezca la pena, y no me asusta la soledad, la disfruto; es una combinación que no incita a la sociabilidad.

A sabiendas de que acabaría arrepintiéndose, alargó la mano hacia el porro que colgaba de la comisura de los labios de Johnny, ofreciéndole una sonrisa socarrona a cambio de una calada. Dejó salir el humo lentamente para aspirarlo nuevamente por la nariz y echó la cabeza hacia atrás hasta que un acceso de tos la hizo inclinarse hacia delante.

- ¿Lo pones siempre tan difícil? -parecía espoleado por el reto que le suponía esa rubia huraña, como si lo arduo de cada centímetro de terreno avanzado le animara a intentarlo con más ahínco.

- ¿Difícil? -parecía casi divertida por su tenacidad, cómoda en todo caso- Estoy siendo un jodido encanto, Johnny.



Un par de horas más tarde el tira y afloja había ido dando paso a una conversación relajada sobre las relaciones interpersonales, incluso sobre el amor o, en palabras de Johnny, "Esa enfermedad absurda, nociva y retorcida que consiste en celos, posesión, locura, cadenas... y un grado más o menos evidente de ceguera en los que se dicen enamorados"; estaba claro que estaba encantado de viajar con Tiffany. Kira se preguntó por un instante cuánto habría tardado en plantarla si no fuera por Elena.

Estuvo casi a punto de hablarle de Él y se odió por ello. Tanto tiempo después y su jodidamente intensa presencia aún encantaba su mente en ocasiones. Su cosa brillante. Hacía tiempo que ya no se preguntaba por la naturaleza de sus sentimientos hacia Él, pero tenía que admitir que no perdía brillo por más que pasara el tiempo. Jamás había conocido a nadie que le hiciera sentir tanta sed... No necesitaba cerrar los ojos para recordar la última noche, estaba tan borracha que le parecía bailar bajo tres lunas; recordaba su mirada azul clavada en ella, la sensación de que por un momento estaban solos junto al viñedo... le habría encantado estar a solas con él esa noche, pero precisamente esa jodida noche era imposible. Ni siquiera pudieron despedirse a solas, aunque ¿Qué hubiera cambiado? Seguramente él ya ni siquiera la recordaba. En ocasiones, Johnny la hacía sentir demasiado cerca de ese pasado.

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