miércoles, 3 de julio de 2013

FUE EN UN PUEBLO CON MAR IV: La pieza rota


Había algo de mágico en el cálido ocaso junto a la orilla; la luz anaranjada le daba una pátina de irrealidad a la escena, invitando a la intimidad. También invitaba a beber. Últimamente cualquier excusa era buena.

Kira le habló de cuando era una cría, en Ethea, soslayando un par de temas escabrosos, esquivando algunos de los recuerdos que estaban demasiado impregnados de Él, centrándose en su innata facilidad para meterse en problemas... No era catársis, era entretenimiento, la sensación, nueva para ella, de hablar con alguien que parecía querer beberse sus palabras. Por un momento, Johnny pareció poseído por un impulso tonto de besarla, deteniéndose casi antes de empezar el movimiento e inclinándose ligeramente hacia atrás. - Joder... procura que, si te metes en líos, sean bien gordos. Eres demasiado buena contando historias. -Se pasó la mano por el pelo hacia atrás y resopló, sacando su bolsita y un papel, sonriéndole de reojo. Unos dedos hábiles liaron un cigarro con rapidez y en apenas un par de minutos ambos disfrutaban de la puesta de sol, del humo, de la mutua compañía. Tiffany se acercó un momento a... realmente, nunca quedó claro a qué; era patente que parte de la magia se esfumó con su presencia, pero había cierto patetismo poético en su pequeño intento de marcar territorio, incluso Kira pareció conmoverse lo suficiente para mostrar algo de condescendencia a pesar de no comprender la reacción, estaba claro que no había nada entre Johnny y ella.

- Quiero pensar que si en esta tierra se dedicase un poco menos de tiempo a hacer la guerra y un poco más a hacer el amor, nos iría muy distinto... -retomó la conversación, atajando la previsible réplica de Kira alzando las dos manos con los ojos en blanco, sujetando en una aún el canuto con dos dedos, y el resto extendidos- Tal vez eso ha sonado más místico de lo que pretendía, me refería a algo tan mundano como follar un poco más. Creo que mis últimos problemas vinieron por algo de eso...
Johnny dió una calada lenta, paladeando la hierba, con una mirada algo introspectiva, perdida en el humo que lo rodeaba. - Perdona, no te he ofrecido... -añadió, con un punto divertido, girando la muñeca para apuntar la boquilla hacia Kira mientras sonreía distraídamente a una Tiffany que ya se alejaba, aparentemente incómoda, o poco interesada en la conversación, entrecerrando uno de los ojos al mirarla bajo el último rayo de sol antes de que éste se ocultase y devolviendo la vista a Kira. - ... maría – Remató la frase, socarrón.

- ¿Te refieres a que el que no folla, jode? Tal vez. Pero a veces hasta para echar un polvo nos complicamos tanto que ya pierde la gracia y el interés, supongo que soy de las que se aburren con facilidad. -Kira alzó ambas cejas y las comisuras de sus labios, insinuando una sonrisa- Si te metiste en problemas por eso, fue que intentaste tumbarte a quien supuestamente no debías... pero a veces eso sólo sirve para desearlo más... -sacudió la cabeza, rechazando su ofrecimiento con la mano extendida- No me apetece meterme en ESOS problemas, es aburrido. -se apoyó en las rodillas y se inclinó hacia delante, dando la sensación de retomar la conversación con cierta vehemencia- Animales, tío ¿Ves? En eso también nos llevan ventaja. O será que los años me han vuelto cínica. Joder, mataría por una copa de algo fuerte...

La maldita ansiedad la mataba de sed. O tal vez era pensar otras cosas que la habían matado de sed aún antes de tener ese problema. Estaba pagando un precio por haberse abierto a Johnny y ni siquiera era consciente de lo alto que éste estaba siendo.

- Creo que lo segundo más bien, aunque me cuesta imaginarte cándida y llena de ilusiones en algún momento. -Sonrió de lado, con ironía y sacudió la cabeza con un ligero encogimiento de hombros- No me tumbé a la persona equivocada, en ese caso... creo que la ausencia de vida de otras personas fue la que lo jodió todo. -resopló por la nariz, poniéndose en pie y tendiéndole la mano en un ofrecimiento refrendado por su mirada abierta, amistosa– Aún tengo en el barco algo de lo que despreciaste el otro día.



Jugaron un rato al anfitrión y la invitada, envueltos en esa cortesía a la que resulta cómodo aferrarse cuando uno no sabe qué decir, o cuando se siente súbitamente inseguro.
En rigor, no les costó demasiado retomar la cercanía tal y donde la habían dejado. La curiosidad de Kira venció su reserva y no pudo evitar curiosear alrededor mientras él servía un par de copas y le enseñaba el improvisado estudio. El tintineo del hielo en el vaso la hizo humedecerse los labios. La verdad es que el tío se lo tenía muy bien montado, no había grandes lujos, pero era acogedor y tenía todo lo necesario. No le pasó inadvertido que cerrara la puerta con llave; echó un vistazo desinteresado a través del ojo de buey. No iba a pasar nada del otro jueves entre ellos, se lo había dejado claro, pero no tenía humor para escenas de celos, así que no estaba de más asegurar.

- Hacía tiempo que no bebía ron, gracias. -se inclinó para dejar el vaso a un lado con sumo cuidado, como si se tratara de algo precioso y se dejó caer sin gracia sobre un mullido puff, inquiriendo entre dos tragos- No irás a ponerte a tocar y hablarme de besitos y vendrá la de las uñas largas a montar un espectáculo, ¿verdad? No quiero ser grosera, es por dejar las cartas boca arriba, no soy nada buena bregando con señoras celosas, tiendo a ponerme desagradable. Y de todas formas, no es como si fuera a pasar algo.

Johnny parecía divertido por la casi aspereza de Kira, su torpeza tal vez; se tocó el bolsillo trasero haciendo sonar un tintineo de llaves, y sonrió canalla dejándose caer a su lado en una postura no especialmente cuidada, liando otro canuto tras darle un trago al vaso - Huh... para mí esto es fuerte. Tranquila, el barco está cerrado, la experiencia lo espabila a uno. -levantó una mano- No pretendo tenderte una encerrona ni nada parecido. -la miró un momento al nudo de la camisa, subiendo la vista a sus ojos castaños con reluctancia- Cuando quieras dices: "Eh, las llaves" y te vas. Es sólo una forma de asegurar que uno se puede tomar una copa tranquilo. Tiff no es mala gente, sólo... a veces uno necesita su espacio. -resopló, divertido, algo colocado- Y tranquila, no voy a tocar nada que no quieras que toque.

- Te has encerrado con una casi desconocida cínica, poco sociable y que sabes que va armada... o eres legal o eres un jodido loco y tienes por ahí escondida un hacha más larga que yo y piensas abrirme en canal con ella. –con una media sonrisa, Kira estiró los brazos sobre su cabeza, arqueando la espalda para desperezarse con un gesto relajado– No me refería a que fueras a saltar sobre mí como un perro en celo, sólo quería dejarlo claro, por evitarnos un mal rollo.

Ambos parecían más relajados tras re-sentar las bases. Resulta curioso como, en ocasiones, permitir a otra persona entrar en nuestro espacio físico más íntimo puede hacernos mover esos límites... o darnos la sensación de que es el suelo el que se mueve bajo nosotros.

Johnny tenía la habilidad de crear un ambiente agradable y distendido en casi cualquier situación y era un tío con paciencia, lo demostraba constantemente, con Tiffany, con Elena, con Kira... simplemente era sociable, le gustaba la gente que por algún motivo le tocaba alguna fibra y era capaz de hacerles sentir cómodos. Tenía un genuino interés en escuchar la historia de cada uno, una curiosidad tan fresca, tan auténtica...

Charlaron durante rato sobre sus respectivas ciudades de procedencia, ambos renegados de su tierra natal. Estaba tan cómoda que ni siquiera se tensó cuando los dedos de Johnny recorrieron la ya desdibujada cicatriz de su muslo mientras le preguntaba cómo se la había hecho, incluso sonrió cuando él alabó la panorámica que le ofreció al estirar la pierna.

- Te aseguro que antes era mejor -volvió a estirar las piernas aludiendo claramente al momento de aquel accidente. Otro trago y su voz ya sonaba más pastosa- Itar... no lo conozco. Ethea no es mal sitio, lo peor que te puede pasar es que te aburras. Me ocupaba de la taberna allí, cocino de pena pero lo compensaba llevando poca ropa y mi jefe estaba empeñado en creerse que era una gran cocinera. Antes dijiste que no me imaginabas cándida y llena de ilusiones, ¿no? -o bien el alcohol le estaba pasando factura, o bien por el motivo que sea estaba más introspectiva que de costumbre- Supongo que entonces tampoco me imaginarás siendo una niñata con dos trenzas larguísimas que se afanaba en intentar cocinar algo que no tuviera la consistencia y el sabor del engrudo y que, muy a su pesar, se cohibía cada vez que un gilipollas deslizaba la mirada por sus costados. -se encogió de hombros en un gesto casi de disculpa, aunque no quedaba claro si se disculpaba con Johnny, que le ofrecía una sonrisa divertida, casi incrédula, consigo misma o con esa Kira adolescente que describía- Una niñata que se pensaba que el mundo estaba lleno de gente interesante, de aventuras que correr, de sueños que descubrir que ya no te satisfacían cuando los cumplías... -ocultó un gesto casi de hastío en el vaso- Llevo unos cuantos años fuera, nunca había pasado tanto tiempo fuera de casa y supongo que debería volver a no mucho tardar para saludar al jefe, si la arpía por la que se dejó obligar a jugar a los papás y mamás no le ha matado ya para heredarlo todo.

Ya estaba, la puerta estaba empezando a cerrarse de nuevo.

- Joder, no, jamás lo creería si no fuera porque empiezo a pensar que no bromeas nunca... -el devenir del discurso había ido cambiando su sonrisa inicial a un gesto más grave, de quien está arreglando el mundo sabiendo que es en vano- El mundo está lleno de gente interesante, pero... hay que buscarla. A veces lo interesante está escondido, o se encuentra en quien menos lo esperarías... pero no eres lo bastante amargada ni lo bastante vieja para que eso salga de tu boca. Vamos. Hay aventuras ahí fuera. Yo he conocido a gente increíble que ha hecho que mi historia sea más rica. No puedes decir ¡el mundo es una mierda! y agarrarte al cinismo. -sonaba apasionado, vehemente, tal vez por el colocón- Hay mucho más ahí fuera, tanto que vivir... -sacudió la cabeza y la miró, de nuevo reprimiendo un instinto kamikaze de besarla- Si sólo pudiera transmitirte mis ganas de vivir...

- El cinismo no es algo tan malo tras lo que parapetarse cuando en esencia eres poco sociable. -o estaba demasiado embrutecida por el alcohol o simplemente no captaba las ganas de besarla en la mirada de Johnny- Habrás conocido más gente que yo, es cuestión de estadística que hayas conocido a más gente interesante. Creo que eres la primera persona en mucho con la que no me importa hablar. -le miró divertida- Ganas de vivir... ¿Crees que si no las tuviera estaría aquí currando como una cabrona para comprarle un coche a ese petimetre del taller? Me lo debo. Se lo debo a la rubia de las trenzas. No puedo evitar tener la sensación de decepción, de ¿Y esto es todo? Pero todavía no estoy preparada para el gran chasco final. -chasqueó la lengua, moviendo la cabeza de lado a lado- No soy de las que acaban así, si lo fuera ya lo habría hecho. Simplemente algún día abriré la bocaza delante de quien no debo o me meteré en un lío del que no sabré salir.

- Un final a lo grande, ¿eh? -sonrió tras el vaso.

- O tal vez sólo sucio y ruidoso. Por algún motivo siempre pensé que mi final sería así.

- Envidio tu capacidad de desafiar al dolor. -estaba claramente colocado, recorriendo de nuevo la cicatriz del muslo de Kira- ¿Un coche? ¿Ese es el sueño de la rubia trenzaslargas? -parecía enternecido de alguna forma, y eso se reflejaba en su gesto al mirarla mientras ella perdía la mirada en las vetas de la madera del techo.

- Era su sueño confesable, al menos, un cadillac. ¿No te dije que la rubia tampoco era muy lista?

Se había convertido en un experto en captar el "no preguntes", en identificar el sonido de los goznes cuando ella estaba a punto de cerrar la puerta. Le dio tregua antes de que eso sucediera.

- No te creas que he conocido a mucha gente. Pero me gusta conocer a muchos tipos de gente, procuro no cerrarme en banda, aunque algunas veces ya sabes quién es más afín al primer vistazo... -dio una calada larga y apagó el porro, expulsando una densa nube de humo que su voz deshilachó al hablar. Como si la larga inspiración le hubiera dado valor, volvió a tocar su piel, en ese caso la del antebrazo, recorriendo la larga y fea cicatriz y dirigiendo después la mano a su vientre al no encontrar impedimento, al nudo de su camisa, deshaciéndolo lentamente con unos dedos hábiles- Ya te comenté que me gusta raspar bajo la superficie.

- El dolor... realmente sólo está en el coco, en según qué situaciones puedo ser lo bastante tozuda como para obviarlo. -bajó la vista a su mano, pero no se movió mientras él soltaba el nudo de la camisa, fijando la mirada en sus dedos para subirla luego a su cara, buscando sus ojos- No vamos a follar, Johnny, y lo sabías de antemano. Ni eres mi tipo ni soy el tuyo, o tal vez no sea la situación.

No parecía incómoda ni comprometida; alargó la mano y vació el vaso sin dar la sensación de paladear el ron, como si simplemente lo necesitara desesperadamente.

- Odiaré pensar en ti de vez en cuando por eso. -aún no retiraba la mano, como si de alguna forma el nudo de la camisa ocultase la piel sobre su ombligo y realmente quisiera ver, acariciar con la vista y luego con los dedos aquella fracción que antes le era oculta- Y me gustará desear verte otra vez, algún día, quizá a bordo de un cadillac, y que no te difumines con facilidad de mis recuerdos, de toda la bruma y los retazos que llenan, desordenados, esta cabeza...

Hablaba despacio. Su voz se deslizaba rasgada, íntima, acariciando su piel casi del mismo modo que sus dedos. Kira cerró los ojos al sentir el calor de su mano sobre el vientre y esbozó una sonrisa casi a regañadientes.

- Jodidos poetas... no intentes buscar a trenzaslargas, está castigada y no va a salir. Deberías conocer a Kuroa, ella sí entiende de poesía. -apartó de sí el vaso y se puso en pie- Demasiada intimidad como para un polvo, ¿no? Pero también fue intenso. -movió la mano de arriba a abajo en un gesto torpe mientras subía la escalerilla, dándole la espalda- O seguramente es que estoy demasiado borracha.

Sacudió la cabeza, trotando escaleras arriba tras ella para abrir, más despejado a pesar del colocón. Era efímero, pero no podía evitar querer más. Tal vez precisamente por su calidad de perecedero.
Le dio una sonrisa lenta aunque cansada y apoyó una mano en la parte baja de su espalda, en esa franja de piel que quedaba descubierta entre la camisa y sus vaqueros cortos. Tal vez harto de resistir la tentación, se inclinó para darle un beso; un beso cálido, sencillo, como el de quien da las buenas noches.
Al sentir el contacto de sus labios, el dulce aroma del licor aún en ellos, Kira apoyó la mano en el pecho de Johnny, sin dejar claro si el gesto era una caricia o una barrera. No parecía sorprendida y casi sonreía. Sus labios rozaron la rasposa línea de su mandíbula al adelantarse ella buscando su oído para susurrar con voz suave, amigable

Si le cuentas a alguien lo de las trenzas, te arranco las gónadas y me las meriendo.

Una mano bronceada bajó por el pecho de Johnny, probablemente en un intento para no apilancar, pues ya no caminaba tan derecha como antes. Tras descender por la pasarela y con la luna dándole un brillo casi irreal a sus contornos, alzó la mano a modo de despedida, sin volverse para mirarle, sin detener el sonido de sus botas sobre las maderas del pantalán.

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