sábado, 28 de noviembre de 2015

Campaña en Egipto XL - Zaím

Su mano aún aferraba el papiro que le había sido entregado: el bosquejo bastante esquematizado de un edificio palatino coronado por numerosos minaretes y alminares. El vano de uno de los ventanales estaba ocupado casi íntegramente por la representación de un mirlo enjaulado. Tarde. El mensaje llegaba con días de retraso. Aunque, probablemente, nada hubiera cambiado recibirlo en tiempo. Apartó el pensamiento de su mente.

Zaím perdía la vista en el monótono paisaje ocre que se extendía ante ellos, redibujado ahora por la tormenta. El disco solar reinaba soberano en el firmamento y el desierto milenario dormía, ajeno a todo, indiferente al infierno de arena que había tenido lugar apenas un día antes, a los cuerpos de los hombres que habían quedado atrás.

- … podremos reagruparnos allí; hay un buen contingente ya preparado que podría iniciar el sitio a la Ciudad de las Cien Puertas. Eso cortaría parte del suministro de cereal hacia... ¿Zaím, me estás escuchando siquiera?

- No vamos a retroceder hasta Luxor; no estando tan cerca. - Se volvió al contrariado cónsul haciéndole un gesto de cabeza para que le siguiera antes de desaparecer en el interior de la jaima, donde les esperaban el resto de los generales.


- Beni Suef. - Su índice trazó un círculo en torno al punto en el mapa. - Ya tenemos a alguien dentro. Si nos hacemos con la ciudad, controlaríamos el oasis de Faiyum. Y lo necesitamos en nuestro poder, - Acostumbrado a tramar sin dejar a su diestra ver lo que hacía su siniestra, levantó la vista con una determinación depredadora en sus ojos antes de descubrir sus cartas. - porque, camaradas, vamos a tomar El Cairo.


La presencia militar en Beni Suef probablemente no sería tan excesiva aún, si bien la proximidad a El Cairo garantizaba la existencia de tropas. La ciudad en sí, pequeño núcleo comercial dedicado casi en exclusiva al lino y el alabastro, no revestía mayor interés que el de su posición estratégica: apenas a dos días a caballo de El Cairo y, lo que resultaba aún más atractivo, en una situación de control sobre Medinet Faiyum, una de las regiones más fértiles de todo Egipto. Algodón, lino, cáñamo, arroz, caña de azúcar, rosas, naranjas, melocotones, granadas, higos, uvas, aceitunas... El oasis de Faiyum constituía un lugar idóneo para reabastecer y reagrupar al grueso de las fuerzas otomanas; al mismo tiempo, su pérdida, supondría un importante varapalo para el sultanato.

El plan consistiría en lanzar una conquista a furto*, ofrecer una rendición negociada y proseguir con la conquista a fuerza independientemente del resultado del convenio.



Amparados por la noche y recibiendo ayuda del interior, los primeros insurrectos se infiltraron en el recinto de la ciudad.

- Vamos a tomar la ciudad, no a evacuarla. No quiero a nadie vivo.

---------------------------------------------------------------------------------

*Asalto repentino y por sorpresa en el que se empleaban pequeños grupos de hombres muy bragados y diestros, los cuales se infiltraban en la fortaleza mediante escalas aprovechando la noche. La operación debía ser rápida, precisa y decisiva, de forma que los defensores no tuvieran tiempo de reaccionar. Para ello, tras eliminar a los centinelas y recurriendo a engaños como hablar en la lengua de los asediados o vestir sus mismas ropas, intentaban apoderarse cuanto antes de los principales puntos del perímetro defensivo, tras lo cual abrían las puertas para permitir la entrada en masa del resto de la hueste que esperaba oculta en el exterior.

No hay comentarios:

Publicar un comentario