lunes, 15 de julio de 2013

FUE EN UN PUEBLO CON MAR VI: Recuerdos de adolescencia

"De puerto a puerto y tiro porque me lleva la corriente" No fue su voz la que musitó esas palabras que, en realidad, sólo sonaron dentro de su cabeza, en algún lugar remoto y poco frecuentado de su mente. Sonaban como el tintineo polvoriento de una campana lejana que llevaba tiempo sin tañer.
Hacía años que no pensaba en Kuroa y McNeil... bueno, no tanto al menos. Sí, se mentía descaradamente y se lo creía.

Había conocido a Iron McNeil y a Kuroa Jun en casa, en Ethea, siendo prácticamente una cría. Primero le había conocido a él, casi dos metros de pelirrojo cincelado en alabastro... o al menos algo así le pareció cuando se encontró con él, con sus ojos azules, con sus nudillos destrozados y su sonrisa de tiburón. Sobra decir que le llevó pocos días colgarse como la adolescente que era, aunque la mayor parte del tiempo Iron enarbolaba un gesto hosco a modo de medida disuasoria para cualquiera que tuviera la intención de acercársele... menos para aquella mujer de cabellos negros, ojos grises y apariencia delicada. Su primer recuerdo de Kuroa era en la taberna, ella había ayudado a su jefe con la decoración o la ebanistería o algo así, recordaba unos dedos pálidos, largos y delicados acariciando la madera como si ésta le hablara.
Le habían caído bien casi a primera vista y, sin querer, habían deslizado en su cabeza la errada idea de que probablemente el mundo estaba lleno de gente increíble por conocer. Como si hubiera mucha más gente como ellos...Publicidad engañosa. Era tan cría, tan...

Estaba en deuda con ellos, en cierto modo la habían ayudado a crecer, quizás simplemente al acompañarla en ese extraño viaje que es la pubertad. Recordaba más momentos, más conversaciones con McNeil que con Kuroa, no sabía a ciencia cierta si porque realmente hubo más, porque ellos dos eran más parecidos en algunos aspectos o por aquel cuelgue platónico. Segunda mentira. Se la tragó, como la anterior.


- ¿Cavernicola? ¿McNeil? Es una de las personas más increíbles que me he echado a la cara... -sacudía la cabeza genuinamente divertida por el epíteto, una sonrisa poco habitual en ella, impregnada de cierta ternura, tomó posesión de sus labios por un rato mientras los recuerdos se sucedían a toda velocidad en su cabeza, probablemente con esa pátina dorada que suele darles la distancia- Él me enseñó a meterme en líos. ¿Adivinas quién se cobró la melena de trenzaslargas? -no pudo evitar que su sonrisa adquiriera el matiz de la nostalgia al recordar aquel trato, hasta que un ceño, como una sombra de algún recuerdo menos amable, coronó sus ojos castaños por un momento. Se pasó la mano por la cara, exhalando sonoramente- Joder, hace tanto tiempo ya...

- ¿Iron? -la miró con una sonrisa ladeada- Increíblemente grande, sí. Y no me cabe duda de que con una increíble tendencia a los líos, tuviste un buen maestro. -su carcajada fue seca- Si me hubiese acercado a Kuroa un poco más, hoy tocaría la guitarra con mis lindos muñones, según él. No me quedé a comprobarlo. Pero no creo que hubiese funcionado aún así, se huele que ella está loca por él, no soltaría por nada del mundo sus cadenas.

La miraba de soslayo mientras se palpaba los bolsillos buscando el librillo y la maría, pareciendo apreciar el cambio en su cara al hablar de McNeil y bajando la vista un momento a su propio pecho y tripa enjutos, flacos, a sus pies descalzos sobre la arena. Kira parecía estar a años luz, las manos apoyadas a su espalda, dejando reposar en ellas el peso de su cuerpo y la cabeza hacia atrás, dejando que el atardecer besara su rostro.

- No me dio la impresión de que vivieran allí, creo que iban en un barco y estaban allí una temporada, como yo. Cuando me marché aún estaban...

- Con Kur he tenido menos relación, o tal vez simplemente la recuerdo menos, -prosiguió, pareciendo casi pensar en voz alta, aún introspectiva, casi ajena a la cómoda compañía de Johnny- ya sabes que no soy muy amiga del lirismo, aunque me escribió algo muy bonito una vez, una especie de poema de esos que se hacen con las iniciales -el gesto de su mano dejaba claro que no entendía de lírica y probablemente tampoco de prosa y, aún así, la mención al acróstico parecía evocar en ella cierta ternura, un aire casi cándido- Ya la conoces, es una artista multidisciplinar. Dioses... me gustaría saber qué ha sido de ellos.

Sacudió la cabeza, como alejando de sí los recuerdos que dulcificaban su expresión, abrumada por ellos. Se sentó derecha, sacudiéndose la arena de las manos y jugueteando con el anillo de oro de su dedo medio, volviéndose hacia Johnny con una sonrisa lenta.

- De paso, ¿eh? Las personas que merecen la pena siempre lo están.

La mirada de Johnny había ido del rostro de Kira a sus manos, fija ahora en el aro dorado mientras improvisaba una boquilla con un pedacito de cartón.

- Tú... ¿Tuviste algún compromiso... tienes? -alzó las cejas, más sorprendido que escandalizado, buscando de nuevo sus ojos- ¿¿Él??

- ¿Compromiso? ¿Te refieres a...? -acariciaba de nuevo la superficie pulida y brillante; Johnny parecía divertido al verla negar enérgicamente con la cabeza- No, no, si que es en parte un compromiso, supongo, pero no es nada de lo que estás pensando. Es... una promesa. Le dí mi palabra de no olvidar algo que últimamente he desatendido bastante. Trenzaslargas estaba loca por él, sí, ya te dije que era una estúpida. -alzó un hombro en un gesto desapasionado tras la confesión gratuita- Cosas de niñatas, ya sabes, el típico rollo platónico con un treintañero interesante.

Strike tres y bateador eliminado. Y Kira ni siquiera parecía haberse dado cuenta.

Realmente no era una mentira, había sido un tonteo platónico que no había pasado a mayores y probablemente nunca lo habría hecho, no podía imaginarse a ninguno de los dos dando el paso: Iron estaba totalmente loco por Kuroa y Kira no era lo bastante cínica como para haberse enredado en algo así y hacer el papel de la zorra farisea. Pero a ambos les gustaba jugar a soplar la llama, verla crepitar y apartar los dedos antes de quemarse. Puede que fuera una niñata y bastante ingenua aún, pero no era del todo ajena a las reacciones del cuerpo de McNeil ante la proximidad del suyo y, desde luego, conocía de sobra las que él le provocaba a ella.

El flirteo había surgido poco a poco, de forma natural. Al principio ella se turbaba cada vez que él le daba un repaso visual y eso la cabreaba... probablemente era eso lo que le hacía mirarla realmente, parecía divertirle la mezcla del rubor de sus mejillas con esa mirada ceñuda unida a su "Que te jodan, McNeil". Luego vino lo de parapetarse tras puertas cerradas con llave para hacer cosas que, en realidad, eran totalmente inocentes. Las clases de baile a escondidas, para darle una sorpresa a Kuroa con algo tan impropio de él, un poco más de contacto físico del estrictamente necesario, unas caricias distraídas en su nuca mientras le obligaba a contar los pasos en voz alta, los labios de él rozando su lóbulo o su aliento sobre la vulnerable piel de su cuello tres segundos más de lo que era indispensable cuando se inclinaba hacia ella para comentarle algo al oído. La desarmaba cuando hacía eso... y eso reventaba a Kira, que iba aprendiendo a odiar la sensación de pérdida de control, para mayor divertimento de Iron.
Alguna vez se preguntó qué habría pasado si uno de los dos hubiera apretado en serio.

Tonteos aparte, le guardaba un cariño sincero. Ambos parecían tener similares fobias, similares sueños, aunque los de Kira aún poseían la ingenuidad de quien, por edad, no ha visto sus planes empañados por eso que llaman vida.



- Me hubiera gustado conocer a Trenzaslargas. -comentaba disimulando el interés sobre esa promesa- Hacía tiempo que algo no me despertaba así la curiosidad. De hecho... -se retorcía la barba, mirándola con cierta retranca- Me gustaría encontrarla y desempolvarla -o empolvarla- Estoy seguro de que aún tiene que andar por ahí dentro... -su mirada parecía perdida en uno de los cuadros de la camisa de Kira- Y ahora es cuando aparto la vista y tú me dices eso de que tú y yo, y los tipos que no son tu tipo...

- Trenzaslargas no merece tu curiosidad, créeme, no recuerdo que tuviera gran cosa de especial.

Atajó su frase, rápida. Sus ojos dejaban entrever la sonrisa que no llegaba a curvar sus labios y que obtuvo un resoplido y una sonrisa canalla de Johnny.

- Si tengo que desarrollar músculos hasta en las circunvalaciones del cerebro para ser tu tipo, creo que -fingía una voz grave y torcía la boca imitando la voz profunda de Iron- muñeca, tendrás ese cadillac antes de que podamos tener nada. No te lo tomes como algo personal.

A su pesar, el gesto ofendido ante la mala caricatura no lograba ser muy creíble y esa insinuación de sonrisa parecía a punto de arruinarlo totalmente de un momento a otro, mientras Johnny se daba un par de golpecitos en el pecho con el puño cerrado, apuntándola con el índice y guiñándole un ojo después.


- He estado hablando con el tío del concesionario y creo que al final habrá trato.

La alusión al cadillac pareció retrotraer a Kira al presente y acabó soltándole una perorata sobre presupuestos y piezas a un Johhny medio colocado que aguantaba, paciente, el chaparrón de datos.


Cuando se despidieron, hacía ya un buen rato que la luna estaba alta en el cielo y las luces de algunos barcos ribeteaban la costa como una especie de guirnalda titilante. Kira se sacudía la arena de la trasera de sus vaqueros antes de ayudar a Johnny a levantarse, entre risas, despreocupados. Ni siquiera era consciente de que ese día no había bebido desde que salió de trabajar, de que si bien seguía siendo la misma "zorra pedante" en que se había convertido, esa tarde su cinismo y su hosquedad habían bajado tres enteros por lo menos... al menos temporalmente.


- Eres una jodida caja de sorpresas, Kira, cada incógnita que despejo sobre ti me genera diez nuevas preguntas...


Por un momento, pareció que Johnny iría a despedirse con un beso. Por un momento, pareció que Kira no se habría apartado.

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