jueves, 18 de julio de 2013
FUE EN UN PUEBLO CON MAR VIII: Claudicación
Cuando Johnny despertó estaba solo en la playa, con la cara y el pecho ligeramente enrojecidos por el sol. Se incorporó y se pasó la mano por la nuca, con una sonrisa de asunción : Kira debía de haberse despertado y largado sin decirle nada. No le sorprendía.
El siguiente par de días no la vio por ningún lado. Estuvo tentado a dejarse caer por el taller, pero realmente tampoco tenía ningún motivo para hacerlo.
La habría encontrado allí, casi sobria y haciendo turno doble. El viernes coincidieron finalmente.
Kira hablaba con Luther en la puerta del taller, Antuán se había negado a cobrarle por el uso de la maquinaria, ni siquiera le cobró los materiales y ella no quería irse sin pagar. Le dio la sensación de que el tío la miraba como si estuviera loca por insistir.
- Te dejaré algo a ti en depósito entonces, el trabajo está hecho y mis cosas también, no puedo esperar a que Antuán vuelva, necesito hacer el petate ya.
- Como quieras, pero no creo que tarde más de cuatro o cinco días.
En ocasiones, toda una vida podía caber en cuatro o cinco días.
Habiendo dejadas saldadas las cuentas con el tío del alquiler primero y con Luther después, enfiló hacia el aparcamiento, donde Johnny la encontró peleando con el exiguo espacio libre del maletero de su tartana.
- Creo que el otro día aquel sueño te vino muy bien para ocultar que tal vez, tal vez... -su voz sonaba divertida- ¿...este cantante tenía un poco de razón en sus disertaciones y el mundo apesta menos de lo que quieres creer?
Kira se irguió al oír la voz con tinte guasón a su espalda.
- No tengo ni idea de a qué te refieres. -cerró el maletero y se dio la vuelta para mirarle, con las manos metidas en los bolsillos. Su expresión dejaba claro que lo sabía perfectamente- Había bebido demasiado como para rebatir tus argumentos, las palabras no se me dan bien y eso... -incluso a ella misma parecían avergonzarla las excusas con las que evitaba darle la razón. Dio el par de pasos que les separaban de la descuidada hierba de la cuneta, y se sentó, palmeando el suelo a su lado- No es que el mundo apeste, somos las personas. Ya, ya sé lo que vas a decirme. -miró hacia arriba, atajando la frase que creía ir a recibir en respuesta aún antes de darle tiempo a verbalizarla- Ya sabes lo que pienso, es cuestión de estadística: te gusta la gente más que a mí, te has relacionado con más personas, habrás conocido más gente interesante.
Johnny se sentó junto a ella, conservando en todo momento la expresión divertida, afable, incluso el tono fue algo infantil cuando se aferró a su argumento, siguiendo la línea de las excusas núbiles de Kira.
- He ganado. -dijo simplemente, doblando las rodillas hacia el pecho y riendo ante su expresión de desconcierto. Giró la cabeza hacia ella y le ofreció su sonrisa más encantadora- He ganado. Tus réplicas... -chasqueó la lengua. Parecía estarse divirtiendo, necesitar incluso esa diversión, porque hizo el gesto de ir a por la maría pero lo dejó a medias, volviendo a mirarla, desde las botas hacia arriba hasta los ojos- ¿Puedo elegir premio?
- ¿Qué coño...? -su frase pareció desubicarla totalmente, le miró alzando cejas, hombros y manos al mismo tiempo y terminó por soltar una carcajada que la sorprendió incluso a ella misma cuando él repitió la frase. Johnny también pareció sorprendido por el sonido de su risa, sonriendo ampliamente y uniéndose a ella- Como si tuviera mucho mérito darle un baño a una tarada borracha que nunca se ha llevado demasiado bien con las palabras. Aunque lo mismo me hubiera esmerado más si hubiera sabido que nos jugábamos algo. -llevó las manos a la espalda, apoyándose en ellas y cruzando una pierna sobre la otra- Prueba, pide, pero soy la tipa más avara que te puedas imaginar desde que acordé ese trato con el del concesionario.
- Iba a... -arrancó un diente de león y subió la mirada a sus ojos color miel, apuntándola con la flor- Iba a darte a elegir. Entre una sonrisa que me reconciliara con el mundo, o un beso. Que a veces no reconcilia, pero siempre sienta bien, y no creo que interfiera en tu camino al cadillac. -sopló los vilanos, dejando que el viento los arrastrara y la miró con cierto aire resignado, apartando el que se había quedado prendido a la mejilla de Kira mientras ésta cerraba los ojos- Pero supongo que acabas de ofrecérmelo hace un momento.
- ¿Los coleccionas? -su ceja izquierda se disparó hacia arriba- Creía que era yo la que tenía que reconciliarse con el mundo. -apartó los ojos de él y miró hacia el barco, apuntando en su dirección con la barbilla- Ya no tengo quince años para esconderme con Johnny en el cobertizo para jugar a las miraditas a escondidas de Judy. -volvió a mirarle tras aludir a Tiffany- De todas formas... -sacudió la cabeza, contagiada de su diversión- Hay cosas que no se piden.
- Se podría decir que sí los colecciono. Son mis cosas brillantes. -pareció perder toda pose y su mirada era más sincera, como si la viera o se vieran distintos al estar totalmente sobrios. Apartó la mano de su cara y negó con la cabeza- Johnny no está ennoviado con Judy. -su voz sonaba más baja, más rasgada, expulsando el aire con aire de derrota o cansancio- Y a veces, hasta el más contumaz de los optimistas necesita algo que le reconcilie con el mundo. -sonrió hacia un lado, echando una mirada no disimulada a sus piernas- No me culpes por intentarlo, cualquiera se hubiera quedado con ganas de más.
- ¿Y Judy lo sabe? -alzó un hombro, sin mover las manos, como diciéndole que realmente no le importaba la respuesta- Sólo fue un beso de buenas noches, nadie se hubiera quedado con ganas de más realmente a menos que ya las tuviera de antes. -Johnny no hizo ademán de rebatirla y ella pareció no poder evitar otra casi carcajada, silenciosa esta vez- Tus cosas brillantes... y has ganado, ¿eh? -le miró, aún con expresión divertida- Te he imaginado como un crío, con una caja de... cosas brillantes. -cerró los ojos- Me patina la cabeza cuando estoy sobria, ¿Te pasa? ¿Qué le ha hecho el mundo a don optimista para que necesite reconciliación? Si hay un montón de cosas maravillosas y todo eso...
- Creo que es obvio que... -carraspeó con aire jodido, pero respondió con sinceridad- fumar es mi única válvula de escape esta temporada. Todo son problemas. No me gusta que me tiendan cadenas, pero ya he aprendido a vivir con ello y pasar. Lo que no aguanto... -hizo un gesto de borrarlo con la mano, como si no hablar de ello fuese su mejor solución a los problemas- es lidiar con esa enfermedad asquerosa. No puedo dejar tirado a alguien así, a una amistad, no puedo, simplemente. Supongo que se paga el hecho de que a uno le guste la gente. -se pasó la mano por la cara, y después ésta fue al bolsillo, sacando el librillo de papel, pero volviendo a guardarlo después. El gesto no le pasó desapercibido a Kira, que apretó un puñado de hierba en su mano - En cierto modo, me gustaría poder ser como tú, guardar distancia. Pero si fuese así, probablemente no me habría tomado la molestia de conocer a la rubia más dura que me he cruzado. -la sonrisa callejera, resignada, volvió a sus labios- Y dormiría mejor por las noches. -apartó el pelo que el viento se empeñaba en soplar sobre el rostro de Kira y prosiguió, con voz profunda, suave- Me llevo tu risa para mi caja de tesoros. -fingió agitar una caja con gesto infantil- Algo me dice que es más difícil todavía de conseguir, las prodigas muy poco, y llegué a pensar que fracasaría en conseguir la tuya. Johnny, cantautor y ladrón de sonrisas. Será de lo más valioso de mi colección.
- Bah, a veces uno simplemente no se da cuenta de que le están poniendo la correa hasta que ya es demasiado tarde. No te gustaría ser como yo, Johnny, te marchitarías, a veces es... jodidamente abru... -resopló, inclinándose hacia delante, doblando las rodillas hacia el pecho y rodeándolas con los brazos- A veces tanto silencio apesta, pero no puedo evitarlo, cada uno es lo que es y tú eres una persona que necesita... -abarcó la pradera y la playa con la vista y sacudió la cabeza antes de volver a mirarle- iba a decir "esto", pero me da que tampoco. -se encogió de hombros- ¿Dura? Si es un eufemismo para gilipollas me vale, si no... No entiendo qué carajo quiere decir eso. Y no, no te he dado nada valioso en realidad, es una especie de prototipo nada más.
Giró la cabeza para mirar al frente, hacia el trozo de pradera y la vasta extensión de mar azul ante ellos que casi parecía irreal bajo el luminoso sol. Llevó una mano a la nuca de Johnny, dejándola allí por un momento en una especie de gesto de muda y torpe cercanía.
- No tienes ni idea del valor que tiene para mí. Eres una canción con piernas. Con buenas piernas. Y estoy convencido... Esto suena mejor en una nube de maría, pero... estoy convencido de que la sonrisa es la puerta más directa para conectar con alguien. Si me equivoco, pierdo y puedes pedir algo brillante, pero dime, sinceramente. -la miró directo, escrutador, pellizcándose y retorciendo la barba distraídamente- ¿Sonreíste con tu extranjero? No me digas que una de esas sonrisas cínicas, esas no cuentan... ¿te reíste de verdad alguna vez, de esas que no puedes evitar? -antes de dejarla responder se aventuró con otra pregunta, en voz más baja- ¿Sonreía Trenzaslargas con su pareja de baile?
Contuvo la respiración y tardó en responder, obviando en un primer momento su pregunta.
- No necesitas decirme esas cosas para agradarme, ni para gustarme. -lo miró ladeando la cabeza, como un animal cuando intenta comprender. No sonaba a reproche, ni estaba molesta, simplemente sus palabras la sorprendieron- Bueno, con él era distinto...
Un recuerdo pareció tirar de una de sus comisuras y dibujar precisamente la sonrisa cínica a la que él aludía.
- Joder, ni siquiera le entendía la mitad del tiempo, pero alguna vez sonreía, si, claro -no pudo evitar recordar aquel baile en cubierta, aquel coloso vestido únicamente con un delantal y una espátula de madera... a pesar de ello, había un cierto matiz dubitativo en su voz, que se volvió absolutamente rotunda al responder a la siguiente pregunta, bajando la vista ahora por el pecho de Johnny hasta la hierba, como si la confesión ya fuera demasiado como para, además, mostrarle la expresión de su cara- Trenzaslargas sonreía. Y se reía. Y a veces se ponía de una mala hostia increíble. -asintió despacio, con una sonrisa más cálida esta vez, tal vez eco de aquella otra sonrisa.
- ¿Las mujeres siempre se ven con peores ojos que como nosotras las miramos? Es... raro. -parecía disertar más para él que para ella, pero volvió a mirarla con aspecto sincero y voz tranquila, como quien dice algo que da por hecho- No he mentido en nada de lo que he dicho, ya sé que no te gusto, pero sólo tengo mi labia contra los músculos. Y soy demasiado vago para hacer abdominales. -la sonrisa ladeada volvió a sus labios, asumiendo con calma que no tenía nada que hacer, pero eso no le hizo alejarse. Extendió una mano hasta rozar la sonrisa de Kira con la yema de los dedos, bajando el roce a su barbilla y haciéndola mirarle- Es un idiota con suerte... es valiosa. Muy valiosa.
- La labia es buen arma... No, no es cuestión de músculos, no en un porcentaje demasiado relevante al menos. -se recostó también, de lado, con el codo doblado para sostener su cabeza en la mano- Parafraseándote, ese valor lo tasan los ojos del que lo mira, así que... -su expresión daba a entender que probablemente los ojos de Johnny veían más brillo ahí del que había visto esa persona. Estiró el brazo y apoyó en él la cabeza. Su voz también bajó a medida que lo hicieron sus párpados- Era un idiota...y espero que tenga suerte. -alargó la mano y casi a ciegas pellizcó su barba, imitando su gesto en un ligero tirón- Y que la tengas tú también.
Johnny cerró los ojos a su vez. Disfrutaron del silencio y la mutua compañía por un rato, al cabo del cual Johnny se puso de pie y tironeó del brazo de Kira.
- Anda, ven, te invito a una barbacoa en el barco. Tendrás que comer,¿no?
Se dejó levantar y le ofreció una sonrisa burlona mientras se sacudía la trasera de los pantalones.
- Déjame ir a comprar algunas cosas, algunos somos carnívoros y tu concepto de barbacoa sólo lleva verde. Nos vemos allí en una hora.
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