viernes, 19 de julio de 2013

FUE EN UN PUEBLO CON MAR IX: We'll meet again



Agitó la mano desde el muelle hacia el barco, donde Johnny la esperaba ya ocupándose de las brasas y subió a bordo, dejando a la sombra el capazo de paja entretejida del que asomaban un par de botellas y sacando de éste un paquete cuidadosamente envuelto.

- Déjanos a los profesionales. -impostó la voz al decir la última palabra, con evidente sorna mientras le empujaba con la cadera, haciéndose sitio- No me fio de que no pretendas meterme una patata en la boca a la primera de cambio, comeflores...

Johnny trataba de atisbar el contenido del paquete, viendo su curiosidad satisfecha cuando Kira sacó dos piezas de entrecot de aspecto jugoso que dejó sin mucho miramiento sobre la rejilla al amor de las brasas.

- ¿Me he tomado demasiadas libertades?

Johnny le devolvió el golpe de cadera a modo de saludo y miró de ella al plato de hortalizas crudas que tenía a medio preparar y de nuevo a ella, aunque el chisporroteo de la carne y el olor que empezaba a desprender le hicieron rendirse.

- No... supongo que no. Pero déjame echar un vistazo a que no queden sangrientos, carnívora. Y haré una ensalada de acompañamiento. -mientras hablaba, cortaba las verduras con habilidad, sin siquiera mirar- Ese no era el trato, rubia. Soy un manitas en la cocina, aunque me de una pereza horrible cocinar...

- Me temía eso. -rió apuntando con la barbilla al plato- Como acompañamiento me valen y tomo nota, bien hecho para ti. Pues no sé a qué esperas para echarme una mano entonces, sigo cocinando tan mal como entonces... y aún así, auguro que será una buena comida.

Entre risas y algún que otro amago de pelea por el lugar preferente junto al asador, descorcharon la primera botella... Y la terminaron siquiera antes de sentarse.
La comparación con Tiff, a ver a Kira comer con evidente apetito, disfrutando de la comida, era inevitable. El cambio era agradable; Johhny también comía, y reía, y hablaba... no necesariamente en este orden ni con mucho concierto. El vino que seguía corriendo con generosidad ayudaba también a fijar la expresión de placidez en su cara.

- Un buen maridaje... buenísima. Supongo que ni tú tienes razón con sólo carne, ni yo puedo hacerme vegetariano del todo... me cuesta renunciar a la carne. -sonrió- Algunos de los placeres de la vida son increíblemente sencillos.

- Todo lo importante es jodidamente sencillo. -asintió ella, alzando la copa como si le brindara el siguiente trago- Pero a veces nos empeñamos en hacerlo complicado. Claro que no podrías renunciar a la carne, hay algo de depredador dentro de ti. No me habrías traído aquí si no.

- Maldita sea, rubia. Sal de mi cerebro ahora mismo. De los dos. -bromeaba, inclinándose un poco hacia ella, algo colocado o ebrio o ambas- Supongo que tienes parte de razón... nunca fui partidario de reprimir los instintos, sino del arte de dedicarse a ellos. Pero tampoco soy la clase de tipo que no se molesta en aprenderse tu nombre, aunque no vaya a volver a verte. La sonrisa de una mujer me atrae tanto como sus curvas. -resopló, riendo- O casi, según la mujer. Cuando se prodigan demasiado, las sonrisas, como las lágrimas, pierden valor.

- Bah, ¿Hasta qué punto te define un nombre? Joder, creo que voy a reventar.

Kira desabrochó el botón metálico de sus pantalones, doblando la cinturilla y, a pesar de sus palabras, aún así se llevó a la boca el último trozo de carne del plato, mientras Johnny cargaba la pipa como colofón a la agradable comida y se la pasaba, mirándola con los ojos entornados.

- Las sonrisas que se prodigan demasiado siempre me hacen pensar que detrás se oculta algo, o bien malicia o mera estupidez, no deja de ser un gesto atávico: enseñar los dientes... -dio un par de caladas rápidas antes de devolverle la pipa a Johnny.

- Así que depredador... -su voz sonaba algo más rasgada, profunda, como su mirada- y sin embargo has venido.

- Y sin embargo aquí estoy. -asintió haciendo con el humo un aro que luego rompió con el dedo- Supongo que en ese concepto extraño que tienes de mí, no encaja tener miedo a los depredadores, ¿verdad?

- Encaja más bien tener filia... incurable e irremediable... por los depredadores.

- Incurable e irremediable... -repitió ella, colgada de sus palabras, tal vez atrapada por algún recuerdo, por la maría, el vino, la modorra provocada por la comida o... quizás simplemente las palabras de Johnny habían dado en el clavo.

Jonny pareció, por un momento, lamentar no parecer más un depredador. Pero el gesto de Kira pareció fundirle los plomos, y sus ojos enrojecidos, colocados, y gratamente estupefactos observaban la piel, el límite donde el moreno parecía clarear. Como si todo el deseo acumulado viajase de golpe a su mano, la extendió hacia la piel descubierta y la atrajo hacia sí para quedar tumbados en cubierta, él parcialmente debajo, ocultos prácticamente de la vista por la baranda. Medio en broma medio en serio, apretó los ojos como si esperase el mítico puñetazo del que hablaron ya alguna vez.

- ¿Me equivoco mucho?

La pilló desprevenida, su reacción fue lenta cuando Johnny tiró de ella y ya estaban ambos en el suelo cuando le dio un codazo en las costillas que probablemente debería haber sido más suave, a pesar de ser juguetón. Johnny fingió encogerse.

- Mierda, Johnny... estoy perdiendo facultades. Supongo que no, que no te equivocas, -reconocía con reluctancia- ojalá lo hicieras. Imagino que hay filias que no se curan simplemente con el paso del tiempo.

- ...O estás ganando espontaneidad. ¿Y quién necesita luchar contra sus filias, si puede dejarse llevar por ellas? -le enseñó los dientes con gesto bromista, como un depredador, en una sonrisa callejera llena de ganas, antes de hundirlos en su cuello, apartando con dos dedos el cuello de la camisa, y apoyando la otra mano, cálida, en el trozo de carne descubierto en su espalda- Aún estoy perfeccionando mi rugido...

- ¿Y quién coño quiere esa espontaneidad? ¿Huh?

Su mirada era burlona, tal vez con un matiz casi despectivo incluso cuando él mostrólos dientes, pero el roce en su cuello envió al traste su cinismo, despertando alguna sensación que llevaba tiempo dormida. Ahogó algo a medio camino entre un gruñido y un gemido y, no sin cierta dificultad, se puso en pie, seguida por él, tratando de tirar de la trabilla del pantalón de Johnny hacia la escalerilla y desabrocharse la camisa al mismo tiempo.

- Será ruidoso, sucio y probablemente decepcionante, si logro recordar cómo coño...

La voz de Kira sonaba pastosa y pasó a ser casi un gruñido ininteligible mientras se peleaba con los botones. Riendo, enlazados y trastabilleando, bajaron al camarote dejando una camiseta blanca y una camisa de cuadros arrugadas en el suelo a su paso. La sonrisa ladeada de Johnny creció al mirarla nuevamente.

-...será perfecto, entonces. -no apartó los labios de los de Kira para murmurar- Sólo es sucio si se hace bien.

Apenas rozó el culo de Kira bajo la escasa tela de sus vaqueros cortos antes de arrastrarlos con los pulgares y dejarlos caer sobre las tablas, desquitándose del tiempo de espera con besos hambrientos, con manos ávidas. Sus manos... a pesar del colocón, sus manos eran ágiles, inspiradas y le ahorraron a Kira la tarea de desabrocharle el vaquero. La tela de sus boxers, tensa, presionaba contra ella cuando volvió a besarla, ahora más acelerado, medio caminando medio empujándola hasta llegar a la pared, haciéndola caminar hacia atrás. Kira sólo despegaba los labios de los de Johnny para arañar con los dientes la línea de su mandíbula, haciendo presa en su cuello ocasionalmente. Se descalzó, usando la puntera de la bota para empujar el talón de la contraria, aferrándose a él tratando de mantener el equilibrio y sonriendo de lado contra su boca al sentir el calor de su piel, el generoso bulto creciente que palpitaba contra su vientre.

- ¿Recordarlo? Esto es como andar en bici... -la risa de Johnny vibró contra su pecho, su voz era rasgada y su barba le hacía cosquillas-...pero más divertido.

Con una respiración pesada, jadeante, echó la cabeza hacia atrás, disfrutando del roce áspero de la barba de Johnny en la sensible piel del pecho, sus dientes rozando sus pezones a través de la tela; subió la mano por su nuca y la enredó en su pelo, tirando hacia atrás, buscando sus labios con cierta avidez y desembarazándose con economía de movimientos de su sencillo sujetador de algodón blanco. Tras un rato de trabajo manual murmuró en su oído, en tono de guasa- Cerraste, ¿verdad? No me haría mucha gracia que ahora se asomaran un par de rubias de huesos prominentes a reclamar mimos y canciones… No creo que fuera capaz de parar.

- Kira, ¿quieres que esto siga arriba o...?

Rió contra sus labios, mitad besando, mitad rezongando ante la alusión a la imagen de los huesos. La marihuana o la pasión le hacían en esos momentos inmune al agobio, como si hubiese esperado por ello mucho tiempo y no quisiera dejar ni un rincón de ella que no explorasen sus manos o sus labios y cualquier otra cosa pudiera esperar. Recorrió, asomando el dedo por el borde, el contorno de su bikini tricotado. Entonces, el rato de trabajo manual de ella se vio recompensado por su mano izquierda, de uñas cortas, algo callosa y entrenada, ducha, que ya sabía dónde debía tocar.
La altura de Kira les permitía quedar cara a cara, cosa que Johnny parecía agradecer en ese momento, atento a cada expresión de su rostro, a cada gemido, a cada exhortación.
No pasó mucho tiempo hasta que la prenda se convirtió en un pingajo colgando de una de las piernas de Kira, pierna que rodeaba la cintura de Johnny empujándole hacia sí.

- Ni modales en la mesa, ni modales en la cama...

Rió, moviendo las caderas con cierta brusquedad hacia él. Sus movimientos sugerían cierta sed que llevaba tiempo sin saciarse, cada vez más rápidos, cada vez más bruscos también y encontraban el contrapunto perfecto en las embestidas de él. Sus uñas bajaban por la sudorosa espalda de Johnny, hundiéndose en la piel cuando su cuerpo se estremeció en una oleada de placer que aceleró el orgasmo del hombre. Kira tomó aire, el pelo cayéndole en mechones húmedos sobre la cara y apoyó la mano en su pecho con un gesto casi de burla.
La expresión de él era casi de sorpresa cuando la avidez de ella le llevó a correrse como un quinceañero, a lo loco; permaneciendo dentro de ella por un rato, exhausto, casi temblando, renuente a romper el abrazo.

- Eres... joder.

- Pues yo me he notado bastante desentrenada.

- Menos mal...

Tras un beso breve, le dió la espalda para recoger su ropa interior, mientras él le echaba una última mirada a sus curvas. Se puso la camisa, sin llegar a abrocharla mientras él se calzaba el bóxer.

- ¿Hay tiempo para un par de caladas o mejor me abro?

- Hay tiempo para lo que quieras. -se echó una mirada por encima del hombro intentando ver su espalda, notando cierto escozor. Preparó nuevamente la pipa, calando un par de veces antes de pasársela- Toma. -la miraba tratando fijar la imagen de ella, tal cual estaba, en su retina, y pareció a punto de decir algo; en su lugar, una sonrisa se instaló en sus labios.

Devolviéndole una media sonrisa, tomó la pipa y cerró los ojos para aspirar, una calada larga, profunda, directa a los pulmones especialmente receptivos tras la actividad física. El único sonido audible, aparte del rítmico batir de las olas contra el casco, era el característico sonido siseante, seguido por el silencio mientras retenía el humo dentro de sí. Al exhalar abrió los ojos, su mirada estaba desenfocada cuando le devolvió la pipa.

- Date la vuelta. -sus contorsiones no le habían pasado desapercibidas. Se asomó tratando de atisbar qué diablos había en su espalda y sus cejas se arquearon en un gesto de sorpresa al ver el mapa de arañazos- ¿Te has peleado con un zorro rabioso?

Su voz resultó genuinamente sorprendida. Tras palpar uno de los bolsillos de su pantalón se acomodó detrás de él, sentándose con las piernas abiertas a ambos lados de su cuerpo. Sacó un pañuelo que humedeció con el licor que ambos dejaran olvidado, recorriendo en sentido ascendente cada una de las marcas de su espalda.

- Daños colaterales. -resopló divertido, cómodo, dando otra calada a la pipa, y apenas siseó cuando ella aplicó el alcohol a los rasguños- Los enseñaría como orgulloso combatiente, si eso no me metiese a una espiral de drama innecesario. -acariciaba distraidamente las piernas de ella a los lados de su cuerpo, sujetando la pipa con los dientes hacia un lado, dejándose hacer- Una lucha tan dura siempre deja alguna cicatriz... -ya no parecía hablar del rato pasado, ni de las cicatrices físicas, y su voz sonaba como cuando cantaba, algo arrastrada por el humo y el plácido cansancio. Cuando ella terminó con su espalda, estaba tan agusto que apenas podía hablar- Gracias.

Kira torció el gesto cuando él aludió a luchas y cicatrices, sin seguirle- Es una de esas metáforas, ¿verdad? -apoyó la barbilla en su hombro para tratar de llegar a la pipa; él apartó con renuencia la mano de su mulso para ofrecerle la boquilla- ¿Gracias? -de nuevo estaba perdida y apretó uno de sus hombros en un gesto de cariño un tanto torpe, poco acostumbrada, antes de sentarse a su lado- No me extraña que te llevaras bien con Kuroa, siempre estaba con esas cosas... palabras que parecen ser una cosa pero resulta que están hablando de otra totalmente distinta...

- Sí, alma de artistas o deformación profesional, llámalo como quieras. A veces la forma de decir las cosas importa, y el arte es la sublimación de lo inútil. -le apartó un mechón de pelo de la cara-

- En cambio yo creo que a veces se les da demasiada importancia a las palabras. -estiró los brazos por encima de la cabeza, arqueando la espalda- Supongo que soy más de hechos. Ha sido extrañamente agradable conocerte, charlar, aunque no estoy a la altura con eso de las palabras, jamás se me han dado bien y perro viejo no aprende trucos nuevos. -le pasó la pipa tras darle una larga calada y se levantó, caminando por la estancia, buscando el resto de su ropa que estaba diseminada por todas partes y vistiéndose con aspecto relajado, cómodo, con total aire de normalidad.

- Voy a echar de menos las charlas hasta las tantas. Pero me alegro de llevarme conmigo un recuerdo así para mi colección.

La miraba vestirse, como si la visión de esas piernas desnudas fuese demasiado valiosa para perdérsela haciendo otra cosa que fumar en silencio, mientras Kira era totalmente ajena a su mirada. Disfrutaba de estos momentos que sabía probablemente los últimos juntos, buscando su propia ropa por la desordenada estancia cuando ella terminó de vestirse.

- ¿Cómo coño me has liado? Es acojonante la cantidad de cosas que te he... -alzó una mano, negando con la cabeza y abriendo y cerrando la boca como un pez fuera del agua antes de bajarla en un gesto casi impotente, resignándose a no encontrar las palabras o a no entender la cercanía que Johnny le había hecho sentir y que ella seguía interpretando como vulnerabilidad.

Johnny le ofreció una sonrisa por respuesta y una caricia en la parte baja de la espalda. Dió una última calada antes de vaciar la pipa y se revolvió el pelo para apartarlo de la cara, despeinado como de costumbre- Te abro... joder, -rió resoplando- no me gustan las despedidas. No quiero descubrirme mirando el polvo que levanta tu cacharro al arrancar. En el fondo soy un sentimental. -bromeaba, sin saber explicar mejor ese gusanillo agridulce de las buenas despedidas, y le plantó un último beso, lento y cálido, en los labios, antes de subir del todo la escalerilla a cubierta- Me quedaré en el puerto un rato. Que consigas pronto tu sueño, y que sea tan brillante como lo imaginaste. Esperaré a oír algún día a mi espalda el rugido de un flamante motor nuevo.

- Nah, no harás nada de eso, además, algo me dice que no te van a dar tiempo a aburrirte ahí fuera. -respondió a su beso, aunque no se abandonó a él, sus ojos permanecieron abiertos, observándole- No será pronto, pero... no sería raro que volviéramos a cruzarnos, ¿no? Si para entonces lo he conseguido, haremos música juntos. Y... Johnny, -apoyó la mano en su pecho- Si vuelves a verle, a verlos, a Kuroa y a Iron, dile que... -retuvo el aliento por un momento y desechó la idea antes de verbalizarla- Salúdales de mi parte, por favor.

Johnny se limitó a asentir en silencio, comprendiéndola, mientras ella saltaba a tierra.

- Cuídate, hazlo.

- Nos vemos. -Kira asintió, alzando la mano y dándole una sonrisa fugaz antes de alejarse silbando los primeros acordes de una mentira, sin volverse.




Contra su propio vaticinio, el final de Kira no fue ruidoso ni tampoco especialmente sucio, unas tres semanas después de dejar Puerto Albía conducía su trasto por la carretera del pantano, una mano en el volante y la otra en el aparato de radio mientras trataba de sintonizar alguna emisora. Parada cardiorespiratoria, ya estaba muerta cuando el coche se empotró contra el robusto ciprés mientras, irónicamente, la rasposa y profunda voz de Johnny Cash desgranaba los versos de aquella misma mentira en el viejo radiocasette.

2 comentarios:

  1. Qué duro enterarse asì del final de la rubia... pero qué bonito también, qué fácil haces que parezca meterse en la piel de estos personajes una vez màs...! Y la banda sonora y las imágenes no podrían estar mejor elegidas! Qué agridulzor más tonto a estas horas... :)

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  2. El viejo pacto de no spoilearnos los dramas... (:

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