« Najma... » -El nombre de la egipcia escapó entre sus labios en un ronco gruñido, con un deje neutro sin denotar emoción alguna.
Véspero mostró una sonrisa cansada pero hambrienta y sólo haciendo acopio de su férrea fuerza de voluntad pudo evitar que sus instintos más primarios afloraran. Y a Najma, conocedora de sus habilidades, las cuales sabía explotar a la perfección, le encantaba poner a prueba a su esposo hasta límites que a éste le llevaban, literalmente, a la desesperación. Sin embargo, ambos se complementaban más allá de lo racional, y donde él era impulsivo y temperamental, ella era fría y calculadora. Cuando miraban en la misma dirección, bien se podría jurar que no existía combinación más peligrosa.
El mameluco tomó la jarra que su esposa le ofrecía y dio un largo trago. Con la mano libre hizo un ademán hacia las esclavas para que dejaran los aposentos y volvió su atención al cuerpo desnudo que le era ofrecido.
« Mujer, juro ante el Clemente que eres mi más dulce perdición. » -Rió ante la simple inocencia de su comentario.- « Me han empezado a llegar ciertos rumores que circulan sobre mí en Palacio. Rumores soeces, banales y vacíos de veracidad respecto a mi dilatada y meteórica trayectoria en estos pocos meses sirviendo a nuestro Sultán. » -Se detuvo al ver como una expresión de sorpresa cruzaba la faz de Najma. A continuación, su voz se tornó sombría.- « Venga, no hace falta que disimules. Podría jurar, sin miedo a equivocarme, que algunos los habrás propagado tú misma. » -Fingiendo enojo, apretó su cuerpo contra el de ella, sintiendo una nueva oleada de irrefrenable deseo.- « Desperté cerca de Alejandría... sin saber cómo había llegado. Sin saber qué hacía allí. Sin saber quién era. » -Apartó sus ojos de los de Najma y los clavó en algún lugar sin definir, mas miraban lejos de aquellas cuatro paredes. Continuó con la angustia escrita en sus palabras.- « Desde ese mismo día, me asaltan visiones tan carentes de sentido como vívidas sus imágenes: en ellas he estado en lugares lejanos al otro lado del mundo. Mi alma sobrevuela tierras de pastos verdes, frondosos valles y grandes y fértiles llanuras, altos picos, cuyas cimas están coronadas de nieve sin importar la estación en la que se encuentra esa cara del orbe, y costas donde largas playas se unen a acantilados escarpados. En ellas he navegado junto a una imponente flota de navíos de guerra, los más grandes jamás conocidos. E incluso me veo al mando de uno de ellos. En mis visiones, he luchado en numerosas batallas y he asaltado ciudades y derribado sus muros. » -Guardó silencio...- « Siento sobre mis hombros el peso de mil años vividos. Mas me miro en un espejo, y no reconozco el rostro que su superficie refleja. » -Casi por instinto llevó sus manos a las facciones que daban forma a su rostro.- « Este cuerpo... Este recipiente... No me pertenece. » Sentenció angustiado.
Durante un momento, el guerrero dio paso al muchacho y éste se resguardó en el cálido abrazo de aquella que sabía era la única persona en la que podía confiar de forma ciega, a la que amaba por encima de todo lo tangible en aquel mundo.
« Sin embargo, lo que más siento es... ira. » -Volvió el Véspero más cruel.- « Una ira que escapa a mi control y que aviva el fuego de mi alma, instándome a que vuelva a esas tierras para sembrarlas con los huesos de mis enemigos y después regarlas con su sangre traidora. » -Volviendo de nuevo su atención hacia Najma, le devoró los labios con avidez- « Y si le hablas de esto a alguien. Si se te ocurre traicionarme y soy consciente de ello, te mataré. »
Véspero mostró una sonrisa cansada pero hambrienta y sólo haciendo acopio de su férrea fuerza de voluntad pudo evitar que sus instintos más primarios afloraran. Y a Najma, conocedora de sus habilidades, las cuales sabía explotar a la perfección, le encantaba poner a prueba a su esposo hasta límites que a éste le llevaban, literalmente, a la desesperación. Sin embargo, ambos se complementaban más allá de lo racional, y donde él era impulsivo y temperamental, ella era fría y calculadora. Cuando miraban en la misma dirección, bien se podría jurar que no existía combinación más peligrosa.
El mameluco tomó la jarra que su esposa le ofrecía y dio un largo trago. Con la mano libre hizo un ademán hacia las esclavas para que dejaran los aposentos y volvió su atención al cuerpo desnudo que le era ofrecido.
« Mujer, juro ante el Clemente que eres mi más dulce perdición. » -Rió ante la simple inocencia de su comentario.- « Me han empezado a llegar ciertos rumores que circulan sobre mí en Palacio. Rumores soeces, banales y vacíos de veracidad respecto a mi dilatada y meteórica trayectoria en estos pocos meses sirviendo a nuestro Sultán. » -Se detuvo al ver como una expresión de sorpresa cruzaba la faz de Najma. A continuación, su voz se tornó sombría.- « Venga, no hace falta que disimules. Podría jurar, sin miedo a equivocarme, que algunos los habrás propagado tú misma. » -Fingiendo enojo, apretó su cuerpo contra el de ella, sintiendo una nueva oleada de irrefrenable deseo.- « Desperté cerca de Alejandría... sin saber cómo había llegado. Sin saber qué hacía allí. Sin saber quién era. » -Apartó sus ojos de los de Najma y los clavó en algún lugar sin definir, mas miraban lejos de aquellas cuatro paredes. Continuó con la angustia escrita en sus palabras.- « Desde ese mismo día, me asaltan visiones tan carentes de sentido como vívidas sus imágenes: en ellas he estado en lugares lejanos al otro lado del mundo. Mi alma sobrevuela tierras de pastos verdes, frondosos valles y grandes y fértiles llanuras, altos picos, cuyas cimas están coronadas de nieve sin importar la estación en la que se encuentra esa cara del orbe, y costas donde largas playas se unen a acantilados escarpados. En ellas he navegado junto a una imponente flota de navíos de guerra, los más grandes jamás conocidos. E incluso me veo al mando de uno de ellos. En mis visiones, he luchado en numerosas batallas y he asaltado ciudades y derribado sus muros. » -Guardó silencio...- « Siento sobre mis hombros el peso de mil años vividos. Mas me miro en un espejo, y no reconozco el rostro que su superficie refleja. » -Casi por instinto llevó sus manos a las facciones que daban forma a su rostro.- « Este cuerpo... Este recipiente... No me pertenece. » Sentenció angustiado.
Durante un momento, el guerrero dio paso al muchacho y éste se resguardó en el cálido abrazo de aquella que sabía era la única persona en la que podía confiar de forma ciega, a la que amaba por encima de todo lo tangible en aquel mundo.
« Sin embargo, lo que más siento es... ira. » -Volvió el Véspero más cruel.- « Una ira que escapa a mi control y que aviva el fuego de mi alma, instándome a que vuelva a esas tierras para sembrarlas con los huesos de mis enemigos y después regarlas con su sangre traidora. » -Volviendo de nuevo su atención hacia Najma, le devoró los labios con avidez- « Y si le hablas de esto a alguien. Si se te ocurre traicionarme y soy consciente de ello, te mataré. »
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