miércoles, 26 de agosto de 2015

Campaña en Egipto VI - Alphonse

Jamás en ningún otro lugar había paladeado el agua con tanto placer, acostumbrado como estaba a otro tipo de caldos más opulentos. Había descubierto que el bebedizo al que allí llamaban cerveza era denso, dulzón e imbebible. La comida era otra cosa: abundante y deliciosa.

Su cometido era no perder de vista a la egipcia y el tío de ella le había ofrecido alojamiento y lo agasajaba con un esmero que iba más allá de la inesperada y cálida hospitalidad que había encontrado en todas las ciudades visitadas en aquel remoto lugar. Cierto que eran extranjeros y por tanto dignos de poca confianza, pero incluso los menos acomodados parecían dispuestos a ofrecer lo poco que tenían a su alcance con el fin de agradar o acomodar al visitante. Parecían alegrarse de tenerlo allí. La sorpresa no mermó cuando comprendió el por qué. En un primer momento creyó que les agradaba la idea de que la mujer tuviera una especie de guardia personal, pero eso no parecía preocuparles. En realidad no entendía las libertades que le daban a esa arpía artera, incluso le habían enseñado a leer. Descubrió, tras varias charlas, que el motivo era Zaím. Conocer que Alphonse era como un hermano para él, le había hecho al instante merecedor de su respeto. No sólo en la familia Al-tasir sino en toda la ciudad parecían tenerle un cariño y una admiración, que no dejaron de sorprenderle. Al fin y al cabo le conocía lo bastante y desde hacía los suficientes años como para saber que no era esa la reacción habitual.


“No son mala gente, a pesar de ser extranjeros.” Pensó. El tío y especialmente el abuelo de Serq eran hombres instruidos y de un ingenio vivaz. Precisamente se encontraba departiendo con ellos y otro par de hombres agradablemente a la sombra de los árboles del patio cuando esa vulgar perra osó ponerle en evidencia.

- Partimos hacia El Cairo ahora mismo.

Apenas reparó en el gesto censurador que ambos familiares le dedicaron a Serq, tampoco les dio tiempo a ninguna reacción más rápida que un ceño o una mirada. Con una sonrisa tensa y rojo de furia, se disculpó con los hombres mientras agarraba a la mujer por encima del codo. - Mujeres... ya sabéis. - Les dedicó una inclinación de cabeza y atrajo a Serq hacia sí para ejercer aún mayor presión sobre su articulación, caminando a paso ligero hacia las estancias interiores. En todo momento mantuvo la sonrisa tirante, los músculos de su mandíbula en absoluta tensión.

La sonrisa desapareció una vez dentro. La empujó con cierta violencia, aunque contenida, contra el muro y apoyó ambas manos a sendos lados de su cabeza, inclinándose hacia ella y la observó en silencio durante unos segundos. ¿El Cairo? Había atado cabos. Al parecer no era tonta. No del todo, al menos. Cuando habló, su tono de voz era bajo, modulado, pero cortante.

- He hecho el juramento de mantenerte con vida. Y lo voy a cumplir. Si para ello tengo que romperte cada uno de los huesos del cuerpo, créeme que lo haré con sumo gusto. ¿Qué crees que harían los hombres del Sultán contigo... Tras divertirse? Para ellos vales aún menos que para mí. Y jamás. JAMÁS – repitió alzando la voz – me pongas de nuevo en evidencia.

No pudo continuar hablando debido a lo sorpresivo de la reacción de la egipcia. Había esperado altanería y protestas, pero no sumisión. La mujer bajó la cabeza y casi se dejó caer de rodillas en el reducido espacio que el cuerpo de Alphonse le había cedido.

- Disculpadme, os lo ruego. Temo por Zaím, por su vida y por su alma. Sé que una gran guerra está a punto de comenzar y sé que el tomará parte en la primera de las batallas. No a muchos días de El Cairo, imagino, pero en un lugar lo bastante alejado como para que la presencia militar sea menor. Tengo miedo. El Cairo es el único lugar desde donde yo puedo comunicarme con rapidez con mis informadores y... No pensé en el peligro. Perdonadme. Os lo suplico.

Ella mantuvo la mirada baja durante su parlamento, que no logró conmoverlo. Aunque le agradó comprobar que iba siendo consciente del lugar que debía ocupar. Estúpidas criaturas irracionales...

- No es negociable.

No le dirigió ni siquiera una última mirada antes de salir de la habitación.
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El personaje de Serq ha sido roleado, manipulado y vapuleado con permiso previo.

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