jueves, 17 de septiembre de 2015

Campaña en Egipto XX - Véspero

« Buen día para entrenar... » -Murmuró el mameluco con la respiración acelerada, en el momento que clavó la lanza en el suelo de grava.

El sudor le caía gota a gota desde el mentón cuidadosamente afeitado y en la piel de su torso desnudo le formaba perlas, lo que acentuaba su tono cobrizo. Doblándose hacia sí mismo con las manos apoyadas en las rodillas, se tomó unos segundos para recuperar el aliento.

No muy lejos de Véspero, el que fuera su instructor vigilaba con gesto adusto las maniobras de un reducido grupo de muchachos que se instruían en el noble arte de la esgrima, lo que significaba que pronto acabarían su formación militar y pasarían a formar parte de la élite del ejército del sultán.
En un momento dado, la mirada del instructor y la suya se encontraron. Recordó su primer día en El Cairo, ya en la Hilqa, y el recibimiento que el veterano guerrero dio al grupo del que formó parte:

"Enhorabuena, pues habéis sido admitidos para ingresar en esta Tibaq. En adelante viviréis en esta escuela-cuartel, donde aprenderéis música, poesía y caligrafía, además de recibir la palabra del Único. Después empezará vuestra formación militar, la furusiyya, donde aprenderéis a montar y os volveréis maestros de la equitación, a usar el arco y cargar con la lanza, además de la esgrima. Todo ello bajo mi supervisión, pues yo seré vuestro mu’allim, aquel que os someterá a este riguroso entrenamiento, os convertiréis en creyente. El niño dará paso al hombre. El recluta se convertirá en soldado... De esclavo a liberto. Y al fin, seréis un mameluco."

« ¿Quién de estos jóvenes será el próximo paladín del Sultán, Mu’allim? » -Preguntó, acercándose al hombre.

« Ninguno de ellos, mientras sigas manteniendo el estado de forma, muchacho. » -Ambos rieron, mostrándose respeto mutuo. El instructor hizo una señal para que los esclavos se detuvieran.- « Mirad bien a este hombre. Él es el ejemplo de lo que podéis llegar a convertiros en un futuro no muy lejano. El guerrero perfecto. » -A Véspero los elegios sincerios de su antiguo maestro le llenaron de orgullo, mas se mostró comedido.- « Sin embargo será una ardua tarea, pues donde a vosotros os ha llevado años completar la formación, él tardó meses... »

El sonido de unos cascos de caballo interrumpieron las palabras del mu’allim. Desde la entrada del hipódromo un jinete se aproximaba a galope tendido con un caballo de reserva asido por las riendas. A pocos metros del grupo de guerreros se detuvo, levantando una una fina capa de tierra tras él.

« Wahid, os reclaman en Palacio. » -Dijo el jinete con la voz entrecortada, ofreciéndole las riendas del caballo de reserva.- « Los turcos han atacado. »

Cuando Véspero se ejercitaba en uno de los hipódromos a las afueras de la ciudad, todas aquellas visiones... los recuerdos, le daban una pequeña tregua. Sólo cuando empuñaba un arma su mente se vaciaba y hasta que no estaba agotado, parecía que su alma no se liberaba de las cadenas del pasado.

Y luego estaba Najma. Ella y su abrazo. Pero eso era totalmente diferente...

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