Con cara de hastío Az-Zahir Saif al-Din Khushkadam miraba a las danzarinas desde el trono. Sus pensamientos estaban en otra cosa. El gran turco había atacado antes de lo que esperaban, pero tenía gran confianza en sus ejércitos valientes. El resultado de una batalla no decidía el resultado de una guerra.
Saif intentaba distraerse mientras los cuerpos de las bailarinas giraban y se movían envueltos en ricas sedas. Una de entre todas llamó su atención poderosamente. La esclava negra que se movía de forma sensual no parecía cohibirse por su mirada y se la sostenía desafiante. Hizo una señal para que se acercara al trono. Al menos tendría una distracción esa noche.
- Deseamos conocer el nombre de la sierva que osa posar sus ojos en los del Sultán. - le dijo con gran autoridad.
- Mi nombre es Serq. - respondió la esclava.
El Sultán se puso en pie y arrancó la tela que cubría el cuerpo sugestivo de aquella mujer. Se humedeció los labios mientras contemplaba su desnudez.
Caminó lentamente a su alrededor dibujando un círculo en torno a ella como el lobo que acecha a la presa. Y vio el símbolo sobre la piel oscura. Era una cicatriz que representaba un ankh, la cruz de la vida.
Sus cejas subieron y se encontraron en el centro de su frente. Acarició el cuerpo de Serq y volvió a sentarse en el trono.
- Una esclava Al-Tasir en nuestro Palacio. ¿A qué debemos tal regalo?
Saif intentaba distraerse mientras los cuerpos de las bailarinas giraban y se movían envueltos en ricas sedas. Una de entre todas llamó su atención poderosamente. La esclava negra que se movía de forma sensual no parecía cohibirse por su mirada y se la sostenía desafiante. Hizo una señal para que se acercara al trono. Al menos tendría una distracción esa noche.
- Deseamos conocer el nombre de la sierva que osa posar sus ojos en los del Sultán. - le dijo con gran autoridad.
- Mi nombre es Serq. - respondió la esclava.
El Sultán se puso en pie y arrancó la tela que cubría el cuerpo sugestivo de aquella mujer. Se humedeció los labios mientras contemplaba su desnudez.
Caminó lentamente a su alrededor dibujando un círculo en torno a ella como el lobo que acecha a la presa. Y vio el símbolo sobre la piel oscura. Era una cicatriz que representaba un ankh, la cruz de la vida.
Sus cejas subieron y se encontraron en el centro de su frente. Acarició el cuerpo de Serq y volvió a sentarse en el trono.
- Una esclava Al-Tasir en nuestro Palacio. ¿A qué debemos tal regalo?
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