jueves, 17 de septiembre de 2015

Campaña en Egipto XXII - Véspero

Desde la Ciudadela de Saladino, asentada en el colina Muzzattzam, descendió un regimiento de la flor y nata del ejército del sultán de Egipto, los temidos guerreros mamelucos. Conforme avanzaban hacia las puertas de la ciudad por sus calles, un clamor se iba extendiendo entre la ciudadanía y pronto los vítores les envolvieron por completo.

El alazán castrado se mostraba nervioso ante aquel nuevo escenario. No estaba acostumbrado a la magnitud de tal gentío y la sobreexcitación generalizada de sus hermanos no mejoraba la situación, como tampoco ayudaba el estado de enajenación en el que su jinete, Véspero, se encontraba. Sin embargo, esas sensaciones abandonaron pronto tanto a jinete como a bestia: al salir por las puertas de la ciudad, hizo acto de presencia el Valle del Nilo, una vasta extensión de tierra fértil que se extendía hacia el norte como una delgada cinta verde sobre el árido desierto africano.

El regimiento tomó una de las calzadas que bordeaban la ribera del río y cabalgaron durante varias jornadas hacia el campamento mameluco, o al menos, lo que quedaba de ello.

"¡La sangre exige sangre, y los muertos claman venganza!", rugió el capitán a la vanguardia de los mamelucos. El Lucero del Atardecer rugió a la vez que sus hermanos de armas y el aire se llenó de lanzas chocando contra los escudos.


Véspero se giró para contemplar, absorto en sus cavilaciones, la hermosa armadura de color ónice que descansaba en la estructura de madera expresamente diseñada para soportar el peso de ésta.

« Sólo te pedí que no me traicionaras. » -Dijo, aún de espaldas a Najma. Su voz sonó vacía.- « Todo lo que ahora soy está aquí. Todo lo que amo... está aquí. » - Se giró para mirar a su esposa a los ojos, aunque ésta tenía la cabeza gacha.- « ¡Mírame! » -Su tono no albergaba lugar a réplica, y Najma alzó mirada hasta la suya, que se mostraba implacable.- « Confié en ti... ¡Confié en ti! »

La agarró con fuerza de los brazos y acercó su rostro al de la egipcia hasta que los labios de ambos se unieron y sellaron un beso largo, apasionado y a la vez gélido. Sentimientos encontrados se cruzaron en la mente de Véspero antes de separarse de nuevo de ella.

« Cuando vuelva de la guerra, espero no volver a verte. Jamás. » -Conforme pronunciaba estas palabras, las lágrimas surcaron su rostro.- « Vete lejos, huye y reúnete con esos perros a los que vendiste a tu gente, a tu ciudad... Y a mí. »

No hay comentarios:

Publicar un comentario