miércoles, 23 de septiembre de 2015

Campaña en Egipto XXVII - Véspero

Sus peores temores se confirmaron desde que vieran en el horizonte unas finas columnas de humo elevándose hacia el cielo, que se oscurecía por momentos. Se avecinaba tormenta.
Ya en el campamento mameluco, una ira muda invadió al regimiento venido de El Cairo ante la dantesca escena de la que fueron testigos. El lugar había sido totalmente arrasado, y ninguna jaima quedaba en pie, algunas incluso seguían ardiendo. Aquí y allá yacían los cuerpos de los hermanos caídos, desperdigados sobre el terreno cubiertos de arena y sangre, lo más afortunados. Otros en cambio... Fueron profanados por los carroñeros, testimonio de una grotesca carnicería.

« Qué hombre es aquel que le niega el entierro a otro. » -Véspero se quitó la máscara de plata e hizo un ademán fúnebre frente a su rostro, acompañado de una oración.

Horas después, todos los guerreros que cayeron contra Zaím habían sido enterrados, en contacto con la tierra como era la costumbre mameluca. Los exploradores, por su parte, descubrieron el rastro del turco, que se dirigía al este.

Y al este, Véspero se enfrentaría a su destino.



« ¿Y para ti qué importancia tiene si caigo bajo la espada de Zaím? » -Escupió el mameluco.- « Ya quedaron claras tus intenciones. Tu objetivo. Imagino que yo no fui más que un entretenimiento mientras llevabas a cabo tus planes. »

No se pronunciaron palabras después, pues Véspero no quería escuchar la voz de la que había sido su esposa, pero como bien había dicho ella, no podía repudiarla. A menos que se la entregara al Sultán y éste dictara sentencia. Pero, ¿sería capaz de entregásrsela a su señor? ¿O él también se convertiria en un traidor?

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