Cerró los ojos y exhaló lentamente, liberando sus pulmones de ese humo denso que escapó por la pequeña abertura de sus labios. De súbito, los efectos del narcótico empezaron a hacer efecto y tuvo que apoyarse sobre el balaustre del pequeño balcón para no caer.
- Bon opi aquest... - Murmuró, riendo entre dientes. (1)
Giró sobre sí mismo y entró en el camarote. En el amplio camarote del castillo de popa que olía a inciensos, perfumes y todavía a sexo, y que entre otras cosas, albergaba un confortable lecho. Sobre el mismo, redescubrió, gracias a la tenue luz de media docena de velas, el cuerpo desnudo de una mujer, escasamente cubierto por una fina sábana de seda y que entonces dormitaba.
Apagó la pipa y vació las cenizas en un pequeño recipiente de plata que hacía las funciones de cenicero. Suspiró con cierta resignación y volvió a tumbarse junto a la mujer. Atrapó uno de los mechones de pelo, uno de aquellos dorados y rebeldes mechones que caían en cascada y libres sobre un rostro esculpido en mármol, ocultando parte de las facciones de la fémina.
Jugó brevemente con uno de los cordeles de oro entre sus dedos, permitiéndose, por un instante, sonreír.
La observó largamente durante algunos minutos, o puede que fuesen algunas horas para, finalmente, preguntarse el porqué. ¿Por qué maldita razón la había recibido?
- Et vaig matar de mil maneres diferents a la meva ment... - Susurró. (2)
Tarragona, algunos años atrás...
Habían transcurrido varias semanas desde la muerte de Sigfrido.
Quimet se enteró del fallecimiento por medio de algunos de sus agentes. Se extrañó que Brynhildr no acudiese a él, y si bien era cierto que en los últimos meses los negocios habían requerido buena parte de su tiempo, siempre encontraba un hueco para ella.
Durante unos días intentó encontrarla, pero no tuvo éxito.
Entendió o quiso entender, que quizás necesitaba espacio y tiempo para llorar a su padre en soledad. Él ya había pasado por aquel trago y cuando sucedió, se aisló del mundo, incluso de ella. Conocía sobradamente aquel sentimiento de impotencia. Un sentimiento que nacía en lo más hondo del alma, tan desconcertante que amenazaba con destruirlo todo.
¿O quizás le estaría evitando?
(1) Buen opio este...
(2) Te maté de mil formas diferentes en mi mente...
Posteado por Quimet
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