Emitió un ronco gruñido y ahogó un gemido de placer en los labios de Brynhildr al sentirse dentro de ella, nuevamente. Permaneció debajo suyo y la tomó con firmeza de la cintura, obligándola a acompañarle en cada uno de sus movimientos, lentos, suaves y profundos.
Las velas hacía tiempo que se habían consumido y los primeros rayos de Sol atravesaban los cristales de las ventanas, filtrándose entre los cortinajes a medio recoger. Sobre aquel jergón, ambos saldaron, durante toda la noche, sendas cuentas que desde hacía años habían quedado pendientes.
Y a fe que tan larga espera valió la pena.
- Búscate a otro. No tengo la menor intención de ayudarte. - Musitó exhausto. - Ahora, largo. - El tono de su voz fue gélido.
Unos días antes...
Ladeó la cabeza y entrecerró los ojos. Esa pícara sonrisa que le acompañaba de forma habitual se esfumó al reconocerla.
- Tú...?
Su rostro adquirió un gesto de incredulidad y sorpresa. La confusión reinó en él varios segundos, haciendo que no lograse articular palabra.
No podía se ella, estaba muerta. Era un fantasma. No, no podía ser cierto.
La escrutó de arriba abajo, y negó.
- ¿Necesitas mi ayuda...? - Pronunciaron sus labios. - Después de tantos años... Después de todo... ¡¿¡Te presentas ante mí y me pides ayuda!?!
Se alzó con furia y apartó a las rameras con brusquedad. Propinó una fuerte patada a la mesa más cercana, que no resistió el golpe y volcó, haciendo que el suelo se llenase de cerveza y guijarros de jarras rotas. Quimet tomó a la germana del cuello y la estampó contra una de las paredes del local.
Sus glaucos ojos ardían.
- ¡¡¡Tú me abandonaste!!! - Rugió, acercando su faz a la de ella.
Posteado por Quimet.
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